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Un derecho de la mujer, contra las niņas

En Asia el aborto sin restricciones y la tradicional preferencia por el varón se han aliado en contra de las niñas.

Ignacio Aréchaga

Sorprende que cinco agencias de la ONU unan sus voces en una declaración para lamentar el aborto, pero hay que tener en cuenta que se refieren... al aborto selectivo de niñas. En realidad, la declaración conjunta de la Organización Mundial de la Salud, del Fondo de la ONU para la Población, de la Oficina del Alto Comisario para los Derechos Humanos, de UNICEF y de UNWomen, va dirigida contra “la preferencia por el hijo varón”, que en los países de Asia del Sur se manifiesta en la eliminación de niñas, por el aborto, el infanticidio o la negligencia con la recién nacida.

Por lo general, estas agencias han estado tan ocupadas en promover la legalización del aborto como un derecho de la mujer, que durante mucho tiempo han preferido no darse cuenta de que se ha convertido en un arma contra las niñas asiáticas. Desde luego, no fue este un riesgo que saliera a la luz en la Conferencia de Pekín sobre la Mujer (1995), cuando hubo fuertes presiones –que no tuvieron éxito– para que el aborto se considerara un derecho. Tampoco parece haberles preocupado mucho la política del hijo único en China, que está detrás de tantos casos de aborto selectivo de niñas en ese país.

Con el paso de los años, las estadísticas ya no permiten cerrar los ojos a esta tremenda realidad. Mientras que la ratio normal es que nazcan 105 niños por cada 100 niñas, en diversos países asiáticos hay un grave desequilibrio de sexos: en China, nacen 118 niños por cada 100 niñas; en diversos estados de la India, 120 niños por cada 100 niñas (cfr. Aceprensa, 9-05-2011); y, según la declaración de estas agencias, en algunos sitios se han observado tasas de hasta 130 niños por 100 niñas.

Una consecuencia anunciada es que habrá millones de varones que no podrán casarse por escasez de mujeres. Según estas agencias, tal situación puede conducir en algunas regiones al aumento de la violencia contra las mujeres, por tráfico de personas para matrimonios a la fuerza o por casos de novia compartida entre hermanos. Aunque también cabe pensar que, por su misma escasez, se revalorice el papel de la mujer.

Aborto seguro, mortal para las niñas

La declaración reconoce estos problemas, si bien se centra en atacar la preferencia por el varón en la cultura de estos países: “La selección por sexo en favor de los niños es un síntoma de una extendida situación de injusticia contra la mujer en la sociedad, la cultura, la política y la economía, y una manifiesta violación de los derechos humanos de la mujer”.

Para combatir esas injusticias propugnan un enfoque multisectorial: medidas de apoyo a la mujer en la sanidad y la educación; reformas legales en asuntos de herencia y dote, para evitar que la niña sea vista como una carga (como sucede en la India); uso responsable de la tecnología médica, como las ecografías que permiten conocer el sexo del bebé; ayudar a las familias con hijas... Medidas, sin duda, necesarias.

¿Habrá que cambiar algo en la regulación del aborto, ya que es la práctica que está segando la vida de las niñas asiáticas? En este punto las recomendaciones de las agencias solo reflejan inmovilismo: hay que “reforzar las políticas para proporcionar servicios de aborto seguro”, pues “los esfuerzos para regular o limitar la selección por el sexo no deben obstaculizar o limitar el acceso a los servicios de aborto seguro”.

La experiencia de que el “aborto seguro” supone un riesgo de muerte para muchas niñas asiáticas no parece hacer mella en las convicciones de estas agencias. Por un lado quieren defender el derecho al aborto sin restricciones y por otro que esta libertad no se utilice para el aborto selectivo de niñas. Pero si se admite el aborto por cualquier motivo (social, económico, psicológico...) que haga indeseado el embarazo para la mujer, ¿qué razones hay para no admitir el aborto por razón del sexo? Para unos padres de China o de la India, su deseo de no tener una hija puede estar basado en algunas razones (política del hijo único en China, la dote de la hija en la India, la atención de los padres mayores...) bastantes más graves de las que se invocan para interrumpir un embarazo en Occidente.

Y aunque se intenta defender el recurso al aborto como un derecho de la mujer, en estos países asiáticos la preferencia por el hijo varón da lugar a presiones del padre y de familiares para imponer el aborto cuando se espera una niña.

Tampoco parece muy coherente que las agencias pidan un uso más responsable de las ecografías, “prohibiendo la publicidad de servicios de selección de sexo”. Como suele alegarse en el caso del aborto, si se prohíbe siempre se hará lo mismo en la clandestinidad, según indica la experiencia de algunos países que han prohibido revelar el sexo del feto a los padres.

Sinergia entre el prejuicio y la técnica

Si las agencias de la ONU fueran coherentes, deberían tener en cuenta que el aborto selectivo por sexo es también perfectamente posible dentro de las legislaciones de Occidente. A medida que el sexo del bebé puede conocerse cada vez más temprano, el aborto a petición durante el primer trimestre o más tarde del embarazo puede decidirse en función del sexo. Así ha empezado a suceder en Estados Unidos o en Suecia. En Occidente no se emplea sistemáticamente para eliminar a las niñas, pero puede hacerse para lograr “la parejita”.

En realidad, en Asia la eliminación de las niñas es fruto de la sinergia entre el aborto sin restricciones, la tradicional preferencia por el varón y el conocimiento del sexo del feto por la ecografía. Las agencias de la ONU quieren cambiar solo la preferencia por el varón.

Para conseguirlo propugnan también una movilización de la sociedad civil, para cambiar las actitudes a favor de la igualdad de sexos. Por eso, consideran “muy importante dar una gran visibilidad a los líderes y a otras personalidades y a grupos influyentes que apoyan igualmente los derechos de los niños y de las niñas, y que por lo tanto se oponen a la selección prenatal en función del sexo”. Con estas premisas, deberían sacar en hombros a Benedicto XVI y a tantos líderes de grupos pro vida, que defienden por igual el derecho a nacer de niños y niñas.

La diferencia está en que a las agencias no les preocuparía la extensión del aborto, si el número de víctimas se distribuyera equitativamente entre ambos sexos. Lo importante es la igualdad, aunque sea en la muerte.

Aceprensa, 17-VI-2011

 

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El aborto selectivo contra las niñas asiáticas

Christophe Z. Guilmoto, demógrafo francés, ha dirigido un estudio en el que concluye que en Vietnam, como en buena parte del continente asiático, la tasa de niñas que nacen se ha reducido significativamente respecto de la de las niños, por obra de los abortos selectivos.

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El índice demográfico de masculinidad (los nacimientos de varones por cada 100 de mujeres) ha experimentado desde 1980 un aumento que, en algunos casos, lo coloca muy por encima de los niveles considerados normales. Así ocurre en Vietnam, donde hasta ahora no se contaba con datos que describieran el fenómeno. El trabajo de Guilmoto, director de investigación del Centro para la Población y el Desarrollo de París, permite sacar conclusiones: partiendo en 2001 de un nivel probablemente cercano al estándar biológico de 105, el índice de masculinidad alcanzó en 2005 una marca de 108 y en 2006 llegó a la de 112.
 
Influencia de las políticas de control de la natalidad
 
Tras el estudio, que ha sido publicado por la revista científica en línea PLoS ONE, Guilmoto ha explicado sus resultados en una entrevista para Le Monde (20-05-2009). Se trata, dice allí, de un problema que puede considerarse reciente, pues hasta el censo de 1999 no constaba ninguna anomalía. A partir de 2004, en cambio, el incremento de los varones nacidos es “lineal y significativo”.
 
Para Guilmoto, la razón de este asunto tiene que ver con una ley del gobierno vietnamita que restringe los nacimientos a dos niños por familia, con lo que “ejerce de hecho una presión sobre la selección del sexo del hijo”. Los varones, dice el experto, desempeñan tradicionalmente en Vietnam un rol social y religioso, y representan el linaje y el clan. Antes se tenían hijos, al menos hasta que nacía un varón. Ahora, ante la presión de la ley, se aborta a las niñas. Sin embargo, hay otros factores que pueden tomarse en cuenta, como la generalización a partir del año 2000 del uso de aparatos de ecografía que permiten conocer antes el sexo del feto.
 
El caso de Vietnam reproduce el de China, donde el control de la natalidad se ejerce de modo más férreo y en donde la ecografía se desarrolló a partir de 1982: en 2005 el índice de masculinidad alcanzó quince puntos por encima de los valores naturales, llegando a 120 y hasta a 130 en tres provincias.
 
Discriminación sexual originaria
 
El índice de masculinidad, sin embargo, también ha experimentado ascensos notables en países donde no existe el control de la natalidad como política de Estado. Es el caso de India (con una media de 113 y de 125 en el Punjab), Taiwán, Singapur, Pakistán o en Bangladesh. También en el sur del Cáucaso, en Armenia, en Georgia, en Azerbaiyán. De modo más débil, la tendencia también es visible en Albania y en Montenegro.
 
La consecuencia social de los abortos selectivos es que se establece, dice Guilmoto, una “discriminación sexual de origen”, que por esto mismo goza luego de la tolerancia general. “El sexismo”, simplemente, “se transforma en una norma inscrita en las prácticas sociales”.
 
¿Encontraré esposa?
 
Una consecuencia de este fenómeno masivo es la escasez relativa de mujeres casaderas: los hombres se ven obligados a emigrar para casarse, y las mujeres tienden también a desplazarse a las zonas de mayor riqueza para cotizarse mejor entre pretendientes acomodados (el asunto de la dote, por cierto, es un factor de peso en el rechazo que algunas regiones, como el norte de la India, sienten por las hijas). Aventurando un reacomodo de las reglas sociales, Guilmoto señala que la escasez de mujeres supondrá también una ruptura de las castas que puede notarse ya en regiones como el Punjab, donde los hombres empiezan a estar dispuestos a buscar mujer entre las castas inferiores, cosa antes impensable.
 
Estas reformas de los valores y del comportamiento social son, para el autor del estudio, la manera en que puede cerrarse lo que supone un “ciclo aberrante”, que de prolongarse causaría tremendos desequilibrios. Así, por ejemplo, en Corea del Sur la tasa pasó de una situación comparable a la china a niveles normales que se alcanzaron en 2007. “Ha sido gracias a la evolución de la sociedad, que ha visto a las mujeres acceder a la educación, al mercado de trabajo”, explica el demógrafo. Sin embargo, el mero progreso de la sociedad no basta, pues el cambio “se ha debido sobre todo a la acción del gobierno, que ha reformado la política de la familia y desplegado un arsenal represivo contra esta selección de los nacimientos”.

21-V-2009
Fuente: Le Monde

 

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Los censos de China e India reflejan el desequilibrio de edades y de sexos

A finales de abril China hizo públicos los resultados de su censo de 2010. Unos datos que confirman las transformaciones sociales que ya algunos estudios o censos parciales venían adelantando en los últimos meses.
 
La más acusada es el envejecimiento acelerado de los ciudadanos chinos: el volumen de personas mayores de 60 años sigue en aumento (+ 2,93%) alcanzando ya un 13,26% de los 1.339 millones que conforman la población total, mientras que los menores de 14 años disminuyen 6,29 puntos, hasta situarse en el 16,6%. Una desproporción cuyas consecuencias parece que empiezan a preocupar a las autoridades chinas, porque al fallar el relevo generacional, la tasa de dependencia aumenta y la capacidad de producción del país, uno de sus principales factores competitivos, corre el peligro de disminuir paulatinamente.
 
A pesar de algunos gestos por parte del Gobierno, permitiendo en situaciones concretas tener un segundo hijo (a los campesinos o a las parejas formadas por dos hijos únicos), el discurso oficial no se replantea la política del hijo único. Pero sí insiste en la necesidad de mejorar las redes de sanidad y seguridad social para la gente mayor.
 
Al desequilibrio de edades se suma el desequilibrio de sexos. La actualización del censo señala que entre 2001 y 2010 nacieron 118,06 niños por cada 100 niñas, siendo la ratio normal de 105 varones por cada 100 mujeres. Una cuestión que preocupa también desde un punto de vista social porque, como apuntaba un informe de la Academia China de Ciencias Sociales a principios de año, en 2020 habrá 24 millones de varones en edad de casarse que no podrán hacerlo debido a la falta de mujeres.
 
Desequilibrio de sexos en la India
 
Si en China la principal causa del desequilibrio de sexos es la política del hijo único, en la India la preferencia por los varones no es el resultado de ninguna imposición, sino de considerar a las niñas como una carga económica, en lo cual influye la tradición de la dote.
 
El último censo nacional publicado a finales de marzo mostraba que el desequilibrio aumenta. Si la diferencia normal de sexos entre los niños de 0 a 6 años es de 952 niñas por cada 1000 niños, desde 1981 el desequilibrio ha ido en aumento: 945 chicas en 1991, 927 en 2001 y 914 en la actualidad. La desproporción es mayor en los estados situados al norte del Ganges, como Punjab, llegando a alcanzar la cifra de 830 niñas por cada 1000 niños. Quizá lo más preocupante, según señala The Economist (9 de abril de 2011), es que los estados del centro y del nordeste, que no solían discriminar a favor de los hijos, empiezan a hacerlo.
 
A pesar de todo, según el semanario, se ha notado un suave cambio de tendencia. La desproporción era en 2001 un 1,9% menor que en 1991, y en 2011 un 1,5% menor que en 2001, lo que supone una mejora paulatina. A ello se suma que el censo de la última década no recoge de manera exacta lo que está sucediendo más recientemente. Para poder hacerse una idea hay que acudir a encuestas más pequeñas que suele facilitar la India con mayor asiduidad pero también con pautas de elaboración diferentes. Los resultados por tanto no son estrictamente comparables. Entre otras cuestiones porque las encuestas más sencillas muestran el porcentaje de sexos al nacer, mientras que el censo global recoge los datos de los niños a partir de los seis años de edad.
 
Sí que parece significativo que la ratio de sexos al nacer está mejorando. En 2003-2005 la diferencia era de 880 niñas por 1000 niños. En 2004-2006 pasó a 892 y en 2006 se situó en 904. No está claro cuáles pueden ser las razones del cambio de tendencia. Los datos podrían ser engañosos, pero quizá revelen un reciente cambio de las actitudes en la India hacia una mayor valoración de las hijas.
 
¿Señales de cambio?
 
Los temores en el país debidos a esta desproporción de los sexos no se ciñen simplemente a las peligrosas consecuencias que tendrá en un futuro, cuando esos niños se conviertan en adultos. La gente también está preocupada porque los datos puedan empeorar hasta el punto de situarse en los niveles de China (todavía mucho más extremos con una diferencia de 833 niñas por cada 1000 niños).
 
Algunos especialistas del Banco Mundial apuntan que no sólo hay señales de un cambio de tendencia nacional sino que los datos regionales también ofrecen razones para la esperanza. Estados con las peores ratios, Haryana y Punjab, son los que más han mejorado. La media nacional empeora por los datos de estados que solían ser más equilibrados en la proporción por sexos, como Tamil Nadu y Orissa; debido seguramente a que no tienen la experiencia histórica de una fuerte preferencia por los hijos. A pesar de ello, los especialistas señalan que no parece que estos estados lleguen en ningún caso a la desproporción que alcanzaba Punjab o los niveles de China. De manera que el próximo censo en 2021 pueda mostrar el comienzo de un cambio hacia la normalidad.
 
Las predicciones demográficas de la ONU
 
Entre censo y censo nacionales, Naciones Unidas ha presentado también su proyección demográfica mundial como parte de la última revisión del Informe de Población que realiza cada dos años. A pesar de que se ha comprobado que la nueva proyección de la población mundial difiere en 200 millones de personas de la que la hiciera anteriormente (de 9.300 a 9.100 millones), la nueva edición se atreve incluso a hacer estimaciones a más de 50 años, hasta 2100.
 
Las proyecciones demográficas de Naciones Unidas prevén en líneas generales un notable envejecimiento. En 2050, los mayores de 60 años serán el 22% de la población, frente al 11,2% actual. Por el contrario, los menores de 15 años, ahora el 26,6%, bajarán al 20%.
 
Como nuestro planeta se caracteriza por los desequilibrios demográficos y los crecientes movimientos migratorios, resulta ciertamente atrevido hacer proyecciones a tan largo plazo basándose, como hace la ONU, en la tasa de natalidad. Según el informe, China tocará techo en 2030, perola India crecerá mucho más rápido y se colocará en lo más alto nueve años después.
 
Asia alcanzará su cota más alta entre 2050 y 2060, y será entonces cuando, según los responsables del informe, se note el aumento en África, una población que empieza a crecer a un ritmo del 2,3% anual y que en 2044 duplicará su población gracias, según la ONU, a los avances para reducir la expansión del sida.
 
El informe de Naciones Unidas calcula que la población de España alcanzará en 2025 los 49,5 millones y que tocará techo con 51,3 millones en 2050, antes de empezar a caer hasta los 45 millones en 2100. Los datos indican además que si bien la tendencia al envejecimiento será generalizada, España destacará como uno de los países con mayor proporción de personas mayores de 80 años.

Aceprensa, 9-V-2011