Artículos de prensa / Violencia contra la mujer / Violencia
Imprimir

Qué manifa prefieren las mujeres

Juan Meseguer

El pasado 8 de marzo, el periódico El País abrió su crónica sobre la Marcha por la Vida celebrada en Madrid el día anterior con un titular desdeñoso: “El movimiento antiaborto languidece”.

Ya se sabe que el recuento de asistentes a una manifestación es una tarea polémica. En esta ocasión, los organizadores dieron la cifra de 600.000 personas. El País se encargó de rebajarla a “unas 10.000 personas”. Su fuente de datos era la empresa de recuento de asistentes Lynce, contratada por la agencia Efe, que puso la cifra en 9.726, ni una más ni una menos.

Un dato sobre el que no cabe discutir es que ese mismo día se celebraron actos por la vida en 76 ciudades españolas: unas 3.000 personas -según El País- en Bilbao; unas 7.000 -según la organización- en Barcelona; “miles de personas” -según El País- en Andalucía… De nuevo, baile de cifras.

Llegados a este punto, es lógico que uno desista de hacerse una idea sobre el número de asistentes a la manifa pro vida. En lo que sí hay coincidencia es que en Madrid se manifestaron, por lo menos, “unas 10.000 personas” y en el resto del país “otros miles” de ciudadanos.

Pero a El País le parecen muy bajas estas cifras: “A pesar del carácter festivo de una marcha plagada de música y globos rojos en forma de corazón, el movimiento antiabortista languidece”.

Otro feminismo es posible

Al día siguiente, 9 de marzo, El País dedica un artículo a la manifestación convocada en Madrid para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Lo curioso del asunto es el entusiasmo que despierta en el cronista la pequeña cifra de asistentes al acto. Dice la entradilla: “Más de mil personas participan en una manifestación para recordar el Día Internacional de la Mujer y exigir una cambio en el modelo familiar”.

Y por si hubiera alguna duda sobre el número de asistentes, la primera frase del artículo reitera: “Más de 1.000 mujeres de todas las edades (y algún que otro hombre) se concentraron en la Plaza de Jacinto Benavente con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer”. Esta vez no se recurrió al Lynce que cuenta con decimales.

Allí se congregaron -nos cuenta el artículo- desde “una sexagenaria veterana del movimiento feminista” hasta una joven de 20 años que “decía ser consciente de la responsabilidad que ahora le corresponde”.

Ciertamente, la cifra de asistentes a la Plaza de Jacinto Benavente no es como para tirar cohetes. De hecho, el titular dedicado a los pro-vida parece que les viene mejor a las feministas. Piénsenlo: “El movimiento feminista radical languidece”.

Quizá el problema de la escasa asistencia al acto es que aquello fue un popurrí de reivindicaciones. De la denuncia a la injusta desigualdad salarial entre mujeres y hombres se pasó, como el que no quiere la cosa, a la exigencia de “un Estado laico” o a “un cambio en el modelo familiar”.

“Yo como gay estoy aquí para acabar con el machismo, con la sociedad patriarcal que nos oprime. Hay otra masculinidad posible”, explicó a El País uno de los participantes. Aunque, a juzgar por los escasos hombres allí presentes, esa otra masculinidad parece muy reducida.

Si, para El País, reunir a mil personas en nombre del feminismo radical es todo un triunfo, es señal de que lo considera una verdadera minoría; y si cuando el movimiento pro vida reúne a decenas de miles de personas en manifestaciones en diversas ciudades es un signo de que “languidece”, da la impresión de que El País lo considera un movimiento mucho más importante.

A la vista de la escasa asistencia al acto celebrado en Madrid el Día Internacional de la Mujer, esperemos que también sea posible un feminismo menos radical. Puestos a hacer números, lo que uno descubre es que la manifestación donde hubo más mujeres fue en la Marcha por la Vida.


Aceprensa, 9-III-2010

 

******************************

 

La Sociedad de las Mentiras (poderes anuméricos y globalización de la falacia)

Publicado por Juan José Ibáñez

¿Cuántas personas asistieron a la manifestación en Madrid 30.000 o 500.000? Fuente: Ellahoy

Estamos tan acostumbrados a que nos mientan que ya ni nos percatemos de ello. Peor aun, no le damos importancia. Ya sean gobiernos, fuerzas políticas y sindicales, patronales, entidades financieras, medios de comunicación de masas, etc., sesgan tan indecorosamente las noticias que al final el ciudadano no sabe a qué atenerse. Os podría ofrecer mil muestras de tal aserto, pero bastará recordar lo ocurrido el 11 de marzo de 2012 en España. Se llevaron a cabo manifestaciones en muchas o casi todas las ciudades del país en contra de los recortes al estado del bienestar que sufrimos los ciudadanos (otra reforma laboral). Pues bien, cuando uno lee al día siguiente la prensa, la afluencia varía de tal manera como para entender que se miente con un descaro indignante.

Ocurre en todos los países del mundo, por lo que lo dicho hasta aquí es extrapolable a cualquier otra nación y lugar. Los números de asistentes a las mentadas manifestaciones varían hasta límites hilarantes, según las ofrezcan los convocantes, el gobierno/policía, o los rotativos de prensa, según la ideología que profesen. ¿Quién miente? Posiblemente todos, que es lo más preocupante. Pero hay algo peor. Suponemos que vivimos en una sociedad tecnológica (¿o república bananera?). Sin embargo, al parecer no ¿sabemos? como calcular la cifra de manifestantes con tanto instrumental sofisticado. Dicho de otro modo los poderes fácticos o son mentirosos o simplemente analfabetos numéricos. ¡No saben contar!. Como ciudadano de a pie me siento sumamente indignado. ¿Prensa libre? ¿Información veraz?, son palabros-reliquias de tiempos felices que quizás no vuelvan jamás. Sufrimos pues el imperio de unos poderes (fácticos y no fácticos) que se antojan anuméricos. Empero como resulta difícil creerlo, las escandalosas diferencias de cifras de asistencias a tales manifestaciones serán debidas a la globalización de la falacia en nuestra sociedad, por no hablar de suciedad.
 
Obviamente, pensaréis que no abordo un tema nada nuevo, y es cierto. Ahora bien, cuando la ciudadanía permite indolente  que se le mienta reiteradamente un día si y otro también, no puede quejarse de que unos y otros abusen de nosotros. Y es justamente eso tan solo eso, lo que hoy denuncio. Obviamente pueden existir las diferencias de criterio a la hora de enumerar los asistentes a las movilizaciones, empero cuando varían en un orden de magnitud el tema es digno de recordarse. Que los gobiernos (cuando se protesta contra ellos) publiciten las cifras a la baja, o que las fuerzas sindicales convocantes las calculen hacia arriba es humano, pero hasta cierto punto. Sin embargo, reitero que las cifras son tan escandalosas como para que se les caiga a unos y/o a otros la cara de vergüenza. Finalmente, habrá que apelar a los sondeos, por cuanto aciertan más que las cifras  oficiales al menos en las elecciones o plebiscitos. Imaginaros una ciencia en donde las previsiones acertaran más que los hechos reales (…) ¿Es mejor trabajar con una muestra de una población que con todo el espacio muestral? Pues al parecer, en materia de política y socio-economía  sí. Algo va muy mal entre la ciudadanía cuando nadie protesta para que nos informen de cifras “más o menos” fidedignas. O estamos embrutecidos o estamos embrutecidos. Cuando las personas de a pie nos creemos lo que nos conviene, según nos acerquemos a una ideología u otra, cabe plantearse si merece la pena seguir luchando. ¿Y ahora la pregunta del millón?. ¿Cuantos ciudadanos secundaron las movilizaciones sindicales?. ¿Uno, diez, mil, cien mil, un millón, diez millones?.
 
En esta tesitura, hace falta tener cara dura para aseverar, como se hace en la portada de un rotativo nacional  “-78.490” manifestantes que en la iniciativa anterior, ¡ni uno más ni uno menos!. Vamos sería algo sí como si al asistir a una manifestación te abdujera un “agujero negro” que crece y crece tras cada evento. Hasta ahí alcanza la tendenciosidad de los poderes que nos gobiernan, con independencia de su ideología. Eso si, me atrevería a aseverar que los ciudadanos que asistieron son más que los que desearían unos poderes y menos de los que anhelaran otros. Y como siempre ha sido y será así (…)
 
Lamentable, vivimos en la sociedad de la mentira, se mire por donde se mire y con independencia del color de nuestras gafas de sol.

22 septiembre, 2012
Fuente: madrimasd.org