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Cultivadores de tabaco de España

Cultivadores de tabaco de España

España cosecha anualmente más de 40.000 toneladas de tabaco en rama. Es el tercer país cultivador de este producto de la Unión Europea. La semilla del tabaco, una de las más pequeñas que existen, ha de ser sembrada en semilleros, continuamente regados y abonados... Así comienza el ciclo de un cultivo tan intensivo en mano de obra -puede requerir alrededor de 2.200 horas de trabajo por hectárea- que da empleo a más de 20.000 familias españolas. Principalmente extremeñas, pero también granadinas, abulenses, toledanas, navarras y leonesas.

Al igual que la patata o el maíz, la planta del tabaco llegó a Europa desde América hace más de 500 años. Tras ser condenada por la Inquisición, se puso de moda en el siglo XVI, primero por su aplicación decorativa y ornamental y después por los diferentes usos medicinales y lúdicos de sus hojas secas. Su cultivo en los suelos del Viejo Continente comenzó mucho después. En España se implantó hace más de 80 años y se ha convertido en una labor generacional que han heredado los hijos y nietos de sus productores pioneros.

Los agricultores tabaqueros juegan un papel determinante para nuestro medio ambiente y la configuración de nuestros paisajes. Además, se sienten orgullosos de contribuir a la variedad agrícola española y a la conservación y mejora del entorno rural que rodea las plantaciones.

Historia de la planta del tabaco

El hallazgo

 

"Hallaron por el camino mucha gente que atravesaba a sus pueblos, mugeres y hombres, con un tizón en la mano, (y) yervas para tomar sus sahumerios que acostumbravan. No hallaron poblaçión por el camino de más de çinco casas, y todos les hazían el mismo acatamiento. Vieron muchas maneras de árboles, yervas y flores odoríferas. La tierra muy fértil y muy labrada de aquellos mames y faxoes y hadas muy diversas de las nuestras, eso mismo panizo y mucha cantidad de algodón cogido y filado y obrado; y que en una sola casa avían visto más de quinientas arrovas y que se pudiera aver allí cada año cuatro mill quintales.

Dize el Almirante que le pareçia que no lo sembravan y que da fruto todo el año; es muy fino, tiene el capillo grande. Todo lo que aquella gente tenía diz que dava por muy vil preçio y que una gran espuerta de algodón dava por cabo de agujeta o otra cosa que le dé. Son gente, dize el Almirante, muy sin mal ni de guerra, desnudos todos, hombres y mugeres, como sus madres los parió. Verdad es que las mugeres traen una cosa de algodón solamente, tan grande que le cobija su natura y no más. Y son ellas de muy buen acatamiento ni muy negro (s) salvo menos que canarias".

Así es como Rodrigo de Jerez, uno de los marinos que acompañó al Almirante Colón en su primer viaje a América y quien introdujo el hábito de fumar en España y en muchos otros países, relató lo que más tarde se consagraría como el gran hallazgo del tabaco.
Pero el hombre ha fumado desde mucho antes de que fuera descubierto por los españoles. En las comunidades primitivas, el descubrimiento del fuego supuso un importante medio de evolución espiritual. Y cuando un día descubrieron que ese humo que respiraban provocaba en ellos un estado de consciencia desconocido y placentero, hicieron del fumar una necesidad que no tardó en convertirse en rito. La costumbre había nacido.

Los primeros que usaron las hojas de tabaco para fumarlas fueron los mayas hace mil quinientos años. Su legado de peculiares tallas y grabados demuestran cómo este pueblo centroamericano dio al fumar un carácter religioso y ceremonial. Imágenes como sacerdotes fumando en actitud de adoración al sol, auguraron el éxito de un cultivo que, sin duda, revolucionó la vida en el campo.

Algunos pueblos de la América precolombina no sólo emplearon el tabaco con fines rituales, sino que llegó a ser utilizado como remedio curativo. Y es que los nativos mayas estaban convencidos de que la enfermedad era producida por un mal espíritu que se apoderaba o habitaba en el enfermo, y sólo podía ser expulsado de él mediante el humo del tabaco.

Dos especies diferentes en estado silvestre se cosechaban en este Nuevo Continente: la Nicotiana Rústica, cuyo cultivo tenía lugar en México, el este de América y Canadá, que consistía en una hoja estrecha con un alto contenido de nicotina y tan amarga que se fumaba en pipa, lo que dio lugar a la famosa pipa de la paz; y la Nicotiana Tabacum, alta, ancha y mucho más suave que la anterior.

A finales del siglo XII, los aztecas invadieron el territorio maya y asimilaron la costumbre de fumar tabaco. Sin embargo, dieron al fumar un carácter más social que religioso, ya que lo más importante se centró únicamente en la magnificencia y el refinamiento de los utensilios de fumar. Los aztecas conservaron la costumbre hasta la llegada de los españoles a principios del siglo XVI.

 

 

La llegada del tabaco al viejo mundo
Cuando el tabaco fue descubierto por dos marinos españoles que, cumpliendo ordenes de Colón, exploraban el interior de la isla de Cuba, hacía ya un mes que la Pinta, la Niña y la Santa María habían tocado tierra. Fueron las playas de San Salvador el escenario del gran hallazgo del tabaco. Cuando los dos marinos llegaron a la orilla, los nativos les recibieron con frutas, jabalinas de madera y ciertas "hojas secas que desprendían una peculiar fragancia".

Fue uno de estos dos marinos, Rodrigo de Jerez, quien a su vuelta a España no dudó en introducir la costumbre de fumar tabaco, por lo que tuvo que pagar un alto precio: la Inquisición lo encarceló por practicar algo infernal.

Sin embargo, el hábito se puso de moda y en el siglo XVI el fumar había sido adquirido por todo tipo de clases sociales, distinguiendo la pipa entre las más elevadas y el rollo de hojas como precursor del cigarro puro, entre las más populares. Al principio, fueron los frailes en las huertas cerradas de sus conventos los más entusiastas plantadores de tabaco, quienes lo utilizaban con fines ornamentales y medicinales. Así, el hecho de que el tabaco se cultivara preferentemente en estos lugares cerrados, llevó más tarde a dar el nombre de estancos a los comercios donde debía venderse.

En este paseo por la historia no hay que olvidar dos curiosas anécdotas que sin duda contribuyeron a la expansión del tabaco y que tuvieron lugar en Francia e Inglaterra. La primera de ellas tiene por protagonista al embajador francés Jean Nicot, cuya buena acción puso de moda el fumar. La Reina Catalina de Médicis, quien sufría fuertes jaquecas, hizo caso al ilustre cuando le recomendó que lo tomara aspirándolo por la nariz. Los dolores desaparecieron y el rumor hizo que el tabaco, como remedio curativo, se extendiera por toda Francia y el resto de Europa. Cuando el botánico sueco Linneo publicó su Species Plantorum, no dudó en elegir el nombre Nicotiana Tabacum en homenaje al embajador.

La segunda anécdota llega de la mano de los primeros navegantes ingleses, que bajo las ordenes de Sir Walter Raleigh, exploraron las costas orientales de Norteamérica. Su descubrimiento fue el estado de Virginia, que dio nombre al tipo de tabaco allí cultivado, y el cual no tardó en introducirse en la Inglaterra de la reina Isabel I. Años después, el tabaco se convirtió en la base económica de las colonias inglesas de la metrópoli. Y así es como los grandes viajes marítimos de los siglos XVI, XVII y XVIII alrededor del mundo contribuyeron a llevar el tabaco y el hábito de fumarlo hasta las costas de Asia, África y Oceanía. Su culminación tuvo por protagonista al siglo XIX, en plena efervescencia del movimiento romántico. A partir de ahí, el tabaco no tardó en convertirse en el más revolucionario de los fenómenos sociales.

 

El tabaco en España

Aparte de lo ya dicho sobre la introducción del tabaco por Rodrigo de Jerez, fueron los cronistas españoles los verdaderos transmisores de lo que hoy en día puede denominarse como la historia del tabaco en España. Crónicas como las de Fernández Oviedo y De las Casas, entre otros, contribuyeron a extender su conocimiento y uso entre los europeos indianos y continentales.

"Tomaban el aliento y humo para sí una y dos y tres y mas vezes hasta que quedaban sin sentido gran espacio o adormidos de un grande y muy pesado sueño (...) E aquel instrumento con que toman el humo llaman los Indios Tabaco, y no a la yerva o sueño que les toma. Pero esta yerva tenían los indios por cosa muy preciada y la crían en las haciendas y heredamientos de sus amos (…) porque dicen que cuando dejan de trabajar y toman el tabaco, se les quita el cansancio. Sé que algunos cristianos lo usan, en especial algunos que están tocados por el mal de las bubas, porque dicen los tales que aquel tiempo que están así transportados no sienten los dolores de su enfermedad."
En un principio el tabaco llegaba a España de los indígenas, pero debido a la gran demanda nacional que existió en nuestro país a partir de la segunda mitad del siglo XVI, comenzó a llegar de la mano de los colonos.

El desarrollo del tabaco comenzó en la marinería, para extenderse después a los sectores marginales y grupos sociales de rentas muy bajas. Sin embargo, la evolución del hábito de fumar tabaco dio lugar a que los grupos de rentas más altas se apropiaran de esta práctica, produciéndose así un aumento del consumo que no escapó a la sutileza de Hacienda. Poco a poco, esta abrumadora expansión del tabaco hizo que los gobiernos vieran la posibilidad de un gran negocio. El aumento del consumo provocó una mayor fabricación y venta, lo que obligó a sustituir la fabricación artesanal por la industrial, y se fue creando un comercio internacional que, hoy en día, sigue teniendo mucha importancia.

A principios del s. XVII (1620) empieza a funcionar en Sevilla la primera fábrica de tabacos española bajo el nombre de La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, que se convertiría en la mayor construcción industrial del mundo. A Sevilla le sigue, por orden cronológico, la Fábrica de Cádiz.

En ellas se comenzó elaborando polvo de tabaco, muy apreciado en toda Europa, y más tarde cigarros puros hechos con hojas producidas de nuestras colonias de ultramar. La gran influencia de las fábricas españolas no disminuyó cuando, bastantes años después de su puesta en funcionamiento lo hicieran otras francesas, alemanas o italianas. Más tarde, en el año 1717, un real Decreto de la Corona de España dio lugar a la fundación de la primera fábrica de tabaco en Cuba, la Real Factoría de La Habana, implantando así un régimen de monopolio para la naciente industria cubana.

A lo largo del siglo XVIII, los precios del tabaco se dispararon, lo que contribuyó a un aumento de la presión fiscal y a un acercamiento del fumar hacia los grupos adinerados. El tabaco de humo (sin previa elaboración) quedaba destinado entonces al resto de la sociedad, y el consumo de rapé (tabaco aspirado) se convertía en el mayor ritual costumbrista y social de Europa propio de las sociedades burguesas y aristocráticas.

Pero a finales de este siglo se produjo un cambio en los hábitos de consumo de tabaco. De nuevo, los grupos sociales con más renta acabaron por apropiarse del tabaco de humo, hasta entonces considerado como mercancía marginal, por lo que Sevilla se lanzó a la confección del cigarro puro, abandonando cada vez más el rapé. Poco después se unirían a esta producción las factorías de Madrid, Alicante, La Coruña, San Sebastián y Bilbao, lo que hizo del cigarrillo el gran protagonista del nuevo panorama social.

Desde finales del siglo XIX y comienzos del presente, el cigarrillo ostenta ya una primerísima posición en el mercado. Y mientras el abaratamiento y la masificación de la producción contribuye a que todas las clases sociales tengan un fácil acceso al tabaco, las formas antiguas de tomarlo van quedando relegadas al pintoresquismo y la rareza curiosa. No hay duda de que el fumar se ha convertido en un hecho universal.

 

 

Del monopolio estatal a la política agrícola común

El siglo XIX estuvo caracterizado por un incremento del consumo de tabaco paralelo al crecimiento de la población y de la renta. La difusión del tabaco se hizo palpable en las zonas rurales, así como el incipiente proceso de la urbe. La industria tradicional, sumamente inelástica al depender del monopolio estatal, que estaba más preocupado por la caída de la recaudación fiscal que por adecuarse a los mecanismos del mercado, provocó el aumento de los costes de producción al sustituir la mano de obra por las máquinas.

La solución fue la privatización de la gestión que se llevó a cabo en 1887 y por lo que, mediante el arrendamiento del estanco, se mejoró la gestión y se redujeron los costes de producción, obteniéndose así rápidos beneficios durante el primer tercio del siglo XX.
Cuando España perdió sus colonias en 1898, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, se produjo el bloqueo de la importación de tecnologías extranjeras y de materias primas que procedían del imperio insular, por lo que se potenciaron los productos de bajo coste final (picaduras y cigarrillos) y se abandonó la importación de maquinaria extranjera para utilizar nuestra tecnología y materia prima.

En 1940 se construyeron centros de fermentación que van a estar reglamentados y controlados por el Servicio Nacional de Cultivo y Fermentación de Tabaco. Todo esto contribuyó a una mayor rapidez en la producción que duró desde el final de la posguerra hasta el final de la dictadura. Pero la creciente demanda exigió acudir a mercados extranjeros para dotar a nuestra industria de más calidad y nuevos tipos.

Finalmente, fueron las décadas de los sesenta y setenta las que dieron el empujón final a la industria española. El crecimiento del tabaco en nuestro país era uno de los más elevados del mundo y España empezaba a convertirse en zona privilegiada. Andalucía, Levante, Extremadura y la zona centro peninsular se presentaban como las grandes zonas españolas de mayor producción de tabaco.

Con la entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986, la industria española de tabaco pasó del tradicional monopolio estatal a asumir las directrices de la Política Agrícola Común. Esta variación supuso importantes cambios institucionales que, sin duda, han alterado la estructura económica del sector. A pesar de todo, la influencia de España continúa siendo importante.

Mitos y leyendas
Numerosos mitos y leyendas relacionados con el humo y el tabaco, propios de las culturas precolombinas, han llegado hasta nosotros como parte de las tradiciones arraigadas aún en numerosas comunidades indígenas actuales.

De esta manera, los indígenas que habitan en las orillas del cauce inferior del río sucio, en Colombia, junto al istmo de Panamá creen que allí se encontraba el legendario país de Dabeida, donde existió un templo, en cuyo centro se levantaba un ídolo de oro macizo que representaba a la diosa de la tempestad. Este legendario lugar fue una tierra fría, cubierta por la nieve y el hielo, hasta que un chamán o hechicero sopló sobre ella una bocanada de humo de tabaco transformándola así en una tierra cálida y llena de vida.

A su vez, una leyenda de los indios waraos de Venezuela relaciona el tabaco con el origen del mundo. Cuando el "pájaro del alba" (el sol) se elevó en el cielo por primera vez, pensó en una casa situada entre la tierra y el cielo, blanca y redonda como una nube de humo. El pensamiento bastó para que la imagen se hiciera realidad. A continuación, el "pájaro del alba" crea los cuatro bahanas que constituyen los cuatro elementos del humo que dan su carácter al tabaco (bahana es el nombre con que se conoce el tabaco en la región ). Los cuatro elementos del humo son la "abeja negra", que pica fuerte cuando el fumador aspira la primera bocanada, la "abeja roja", la "abeja amarilla" y la "mosca de miel azul", cuyos espíritus traspasan los cuerpos y les infunden su fuerza.

El "Calumet" o Pipa de la Paz

El rito del "Calumet" o pipa de paz se practicaba entre las tribus de la Gran Pradera americana mucho antes de que los colonizadores del Lejano Oeste entraran en contacto con estas culturas.

La ceremonia, revestida de un ritual mágico-religioso, podía tener un interés social, económico, político... En estos actos se fumaban las hojas de un tabaco perteneciente a la especie Nicotiana Rústica (único que se encontraba en estado silvestre en la región). Reunidos los representantes de las comunidades o las partes que dirimían entre ellas, se encendía una pipa, con la que el conductor de la ceremonia lanzaba a los cuatro puntos cardinales bocanadas de humo para pedir la ayuda del "dios de la pradera", conocido también como el pájaro del trueno".

Después, la pipa iba pasando entre todos los reunidos. Compartida la fumada, se discutían los problemas que les habían convocado. Unas veces se trataba de alcanzar la paz entre las tribus. Otras de una boda, de un pacto comercial o de la iniciación de los adolescentes al mundo de los adultos. Los ritos eran diferentes según los casos; pero en ninguno faltaba el tabaco ni la fumada comunitaria.

Los otros usos del tabaco

Cuando escuchamos la palabra tabaco, la primera imagen que nos viene a la cabeza es un cigarrillo, tal vez un cigarro puro o una pipa, y raramente las barrocas cajitas de polvo de tabaco para aspirar o rapé. Puede que, también recordemos las advertencias de las autoridades sanitarias, ya que existe un consenso científico mundial sobre la evidencia de que el hecho de fumar conlleva riesgos para la salud. Sin embargo, la planta del tabaco hace honor a la denominación de panacea antárquica que recibió a su llegada al Viejo Continente y cuenta con múltiples e insospechadas aplicaciones.
 
En los albores de su historia, los indígenas la creían divina y su humo o sus hojas, mezcladas con cal de conchas marinas molidas, no faltaban en los rituales y ceremonias religiosas. También la utilizaban como estimulante, medicina y fuente de placer. Estos usos continuaron vigentes en la Europa de los siglos XVI y XVII, cuando se la conocía como hierba para todos los males, hierba santa, hierba vulneraria de las Indias... Además, por aquel entonces conoció otra nueva aplicación: la ornamental.

En nuestros días (y en nuestra sociedad occidental), las plantas de tabaco no abundan en los jardines ni las macetas de los balcones. Nadie aspira rapé para calmar sus dolores de cabeza o se pone una cataplasma de hojas de tabaco para curar una herida. Pero el tabaco sigue siendo un regalo de la naturaleza con muchas posibles aplicaciones, como las que podemos leer a continuación:

Insecticida: La nicotina contenida en el polvo o los restos agrícolas o industriales de hojas y plantas de tabaco, se utiliza con éxito como insecticida agrícola. Estos restos aplicados a las plantas cultivadas y las tierras de labor actúan como un efectivo exterminador de patógenos y gérmenes sin los efectos secundarios negativos sobre el medio ambiente y la salud que pueden tener los insecticidas de síntesis química.
Ácido cítrico: El tabaco es rico en ácido cítrico, especialmente algunas variedades como el Makhorka, cuyo contenido en este ácido es del 6 al 8% (el limón, considerado como el fruto más rico en ácido cítrico, no llega al 6%). La extracción integral de ácido cítrico como fase posterior a la extracción de la nicotina se probó con éxito, a escala semi-industrial, en el instituto de Krasnodar en la Unión Soviética en los años 30.
Papel: Los tallos del tabaco suelen desecharse como un producto sin valor. Sin embargo, investigadores búlgaros ensayaron y pusieron a punto una técnica de extracción de la celulosa contenido en los tallos del tabaco y su posterior blanqueo industrial para su transformación en papel de imprimir y escribir.

Aceites industriales: Varias experiencias han conseguido la puesta a punto de una técnica consistente en la extracción de los aceites contenidos en las semillas del tabaco. Se trata de aceites no comestibles pero con una gama de aplicaciones industriales importante como puede ser la fabricación de pinturas.

Proteínas comestibles: A partir de las hojas o de las plantas completas de tabaco se ha conseguido extraer proteínas de un alto valor nutritivo y dietético para el hombre. Estas proteínas pueden utilizarse para alimentar personas con dificultades para su nutrición. Varias plantas semi-industriales y experimentales en Estados Unidos, Japón, Canadá, etcétera, han aplicado procedimientos con rendimientos técnicos y económicos que podrían servir de base a una nueva industria tabaquero-alimentaria con aplicaciones dietéticas y farmacéuticas importantes.

Chimó: Se trata de una pasta de consistencia blanda obtenida de extractos acuosos, fluidos de los desperdicios del cultivo, curado y transformación de los tabacos (secos) de fumar, tratados por el calor en grandes pallas o recipientes metálicos puestos al fuego sucesivamente hasta evaporación del medio líquido. La pasta resultante se decanta y deja secar hasta consistencia semi-sólida. Este es el "chimó en rama" del que se empaquetan el llamado "chimó embojotado" o "chimó aliñado", listo para su venta y consumo. De él se toman pequeñas porciones, como dos granos de arroz que se adhieren detrás de los dientes anteriores produciendo una fuerte salivación (debe escupirse con frecuencia) y provocando una cierta euforia, disminuyendo el apetito y aumentando la capacidad de trabajo (parecido a lo que experimentan los masticadores de coca en Bolivia y Perú). Suelen usarlo los indígenas y criollos de los Llanos venezolanos y colombinos.
Paneles decorativos: Mediante técnicas análogas a las utilizadas para fabricar paneles de aglomerado con serrín y trozos o desperdicios de madera, se puede introducir en la mezcla restos de cosecha, de la industria y tallos de tabaco secos y troceados o molidos. El resultado es un aglomerado de un bello "color tabaco" muy decorativo, con el que se puede dar aprovechamiento económico a restos de tabaco sin otra utilidad. Sirven para cubrir superficies y formar biombos separadores de aspecto y color atractivos. Al parecer se han fabricado en Cuba, de donde nos llegó la idea.
Licor: Su uso alternativo nacional por excelencia. Tabaquito es su nombre y su sabor delicioso... Es típico de Almendralejo (Badajoz).
Condimento: El chef de uno de los hoteles más emblemáticos de Madrid, David Millet, utiliza tabaco como condimento "secreto" en uno de sus más exitosos platos: la lubina a la sal.

El cultivo de tabaco en España

España es el tercer país productor de tabaco de la Unión Europea, con un umbral de garantía de 40.672 toneladas para la cosecha de 2005, y Extremadura, con el 85% de la producción, es la región española donde se concentra este cultivo. El valor de la producción correspondiente a la cosecha 2004 ascendió a 133.50 millones de euros (incluyendo la prima comunitaria).

La importancia social del cultivo  

El tabaco es un cultivo intensivo en mano de obra. Requiere, por término medio, 2.200 horas de trabajo por hectárea, mas que cualquier otro tipo de cultivo. Crea, por tanto, muchos puestos de trabajo en lugares donde el empleo escasea. En concreto, son más de 20.000 las familias que viven directa e indirectamente del cultivo de tabaco en España. La mayoría de los propietarios son modestos agricultores propietarios de pequeñas extensiones.
En España, el tabaco se cultiva en siete Comunidades Autónomas: Extremadura,, Andalucía, Canarias, Castilla y León, Castilla - La Mancha, Navarra y País Vasco.
En Extremadura se cultiva el 85% de la producción nacional de tabaco, y su facturación anual representa el 20% del valor total de la producción final agrícola de la región. Le sigue en importancia Andalucía con el 11% de la producción nacional.
El sector del tabaco crea 600.000 empleos en Europa, especialmente en las zonas de menor renta per cápita de la Unión Europea: Extremadura y Andalucía, en España; Mezzogiorno y sur, en Italia, y la zona norte, en Grecia.
La producción tabaquera española genera más de 1.600.000 jornales directos en la agricultura y un 30% más entre las industrias de transformación e indirectos de servicios auxiliares.

 


Las zonas más importantes de cultivo

Los valles de los ríos Tiétar, Alagón y Jerte, en la provincia de Cáceres, son los lugares donde se concentra la mayor producción de tabaco en Extremadura. En Badajoz, aunque en mucha menor proporción, también se cultiva este producto en la zona regable del río Guadiana.

Organizaciones Agrarias   

En España existen cuatro grandes organizaciones agrarias de cultivadores de tabaco:
-La Federación Nacional de Cultivadores de Tabaco (FNCT).
-Confederación de Cooperativas Agrarias de España (CCAE).
-Unión de Pequeños Agricultores - Unión de Campesinos Extremeños (UPA - UCE Extremadura)
-Confederación de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).

Agrupaciones de Productores  

Para la cosecha de 2005, 5.015 cultivadores de tabaco, con 5801 cuotas de producción (más del 99%) están integrados en las diez agrupaciones reconocidas en España.
Las agrupaciones de productores españoles tienen asignada una cuota de 40.980 Tm. Para la cosecha 2005, distribuida por grupo de variedades de la manera siguiente: 29.024 t. en el Grupo I; 5.543 t. Grupo II; 6.384 t. Grupo III; y 30 t. para el Grupo IV.



Cosecha 2005

Apa´s

Nº. Cuotas

Nº. Productores

Cantidad (t)

Agrupadas TAB

2.025

1.686

11.688

Ibertabaco S.C

1.118

975

8.316

Tabacos Talayuela

164

153

5.952

Cotabaco

323

272

4.273

Tabacos Cáceres

495

429

3.119

Grutaba

316

266

3.185

Tabacos Granada

940

872

3.056

Couga Vegas de Granada

289

232

1.051

Tabachavana

68

68

216

Tabacos Bierzo

54

54

122

Contr. Individual

9

8

2

Total

5.801

5.015

40.980

 

Ingresos de los cultivadores  
La producción correspondiente a la cosecha de 2004, incluyendo las cantidades reportadas de la cosecha de 2002, ascendió a 40.615 toneladas y ha significado unos ingresos para los productores de 133.50 millones de euros (datos provisionales).

Los ingresos de los cultivadores de tabaco proceden fundamentalmente de dos fuentes:
Por una parte, de la prima pagada por la Unión Europea -para ser transferida a los productores- a las empresas de primera transformación que adquieren el tabaco. Esta fluctúa en función del grupo de tabaco considerado, consta de una parte fija y otra variable, cambiante durante el periodo trienal de cuotas 2002-2004 y para la cosecha 2005.


Por otro lado, del precio diferencial o comercial negociado entre los cultivadores y las empresas de primera transformación, que reciben los productores por la venta de su tabaco, variable según el grupo varietal y la calidad del tabaco producido.

La prima comunitaria constituye la parte más importante del precio unitario total percibido por los cultivadores por el tabaco vendido a las empresas transformadoras. Los importes correspondientes a la cosecha de 2004 han sido:


Grupo

Prima productor
(euros/kg.)

Precio comercial
(euros/kg.)

Importe total unitario
(euros/kg.)

I

2,832

0,620

3,452

II

2,265

0,340

2,605

III

2,265

0,290

2,555

IV

2,491

0,730

3,221


Los cultivadores reciben la prima comunitaria menos un 3% de su valor que se destina al Fondo de Investigación e Información del Tabaco Comunitario.
Existe, además, la ayuda específica que representa un 2% de la prima y se entrega a las agrupaciones de productores para la mejora de la comercialización, calidad y respeto al medio ambiente.

 

Cifras de Producción de Tabaco en Rama

Cosecha 2002-2004

Producción en la Unión Europea

Producción en el Mundo
(Fuente: USDA)

Cifras de Producción de Tabaco en Rama

 
CHINA
INDIA
BRASIL
EEUU
MALAWI
INDONESIA
PRODUCCIÓN MUNDIAL (Tms.)

1999

2.098.905

587.600

498.400

527.720

..........

133.350

5.974.272

2000

2.295.000

599.400

493.100

408.200

89.550

37.408

6.097.244

2001

1.997.183

530.000

442.345

400.273

37.408

146.100

5.581.872  

2002

2.365.988

592.000

551.250

362.700

124.301

144.700

6.047.926

2003

1.918.450

595.000

515.720

339.241

121.021

135.000

5.371.428

2004 (*)

2.013.735

598.000

757.075

357.612

138.000

135.000

5.734.717

 

(*) Datos provisionales

 

 País

PRODUCCIÓN 2002 (Tms.)

SUPERFICIE CULTIVADA 2002(Has.)

PRODUCCIÓN 2004 (Tms.)

ASIA

República Popular de China

2.328.978

1.330.408

2.013.735

India

635.500

425.000

598.000

Turquía

160.476

207.140

---

Indonesia

185.100

210.000

135.000

Pakistán ( datos año 2000)

101.600

53.650

---

Filipinas (datos año 2000)

72.760 (* datos provisionales)

---

---

Tailandia

53.100

43.800

---

Japón

60.000

23.720

---

Corea

52.350

21.200

---

Malasia

10.530

16.750

---

Taiwán

5.287

2.115

---

 

 

  País  

PRODUCCIÓN 2002 (Tms.)

SUPERFICIE CULTIVADA 2002 (Has.)

PRODUCCIÓN 2004 (Tms.)

AMÉRICA

Estados Unidos de América  

418.439

173.782

357.612

Brasil (datos año 2000)  

551.250

---

---

Argentina  

127.500

65.500

493.100

Canadá (datos año 2000)  

69.300 (* datos provisionales)

---

---

México    

20.594

10.130

---

Guatemala  

20.540

9.232

---

 

 

 

 

    País

PRODUCCIÓN (Tms.) 2002

SUPERFICIE CULTIVADA (Has.) 2002

EUROPA NO COMUNITARIA

Bulgaria

50.210

37.260

Croacia

14.961

6.700

Hungría

12.140

6.000

 

 

 

  País

PRODUCCIÓN (Tms.)

SUPERFICIE CULTIVADA (Has.)

AFRICA

Zimbabwe

200.096

77.558

Malawi (datos año 2000)

135.138 (* datos provisionales)

---

Rep. Sudáfrica

29.950

15.000

 

 

 

PRODUCCIÓN (Tms.)

SUPERFICIE CULTIVADA (Has.)

OCEANÍA

11.258 (* datos provisionales)

---

 

 

Producción en el Mundo

Producción en la Unión Europea

 

 

 

PAÍS

PRODUCCIÓN (Tms.) 2004

SUPERFICIE CULTIVADA (Has.) 2004

Alemania

10.382

4.447

Austria

234

101

Bélgica-Luxemburgo

1.207

339

España

40.309

12.131

Francia

22.262

8.136

Grecia

111.860

48.019

Italia

114.140

33.812

Portugal

5.428

1.790

Polonia

29.061

17.255

EU - 15 TOTAL

305.821

108.775


PAÍS

PRODUCCIÓN (Tms.) 2004

SUPERFICIE CULTIVADA (Has.) 2004

Chipre

---

78

Hungria

8.091

5.257

Polonia

29.061

17.255

Eslovaquia

1.354

971

EU - 15 TOTAL

38.506

23.561

 

 

Ciclo del cultivo del tabaco
Las labores comerciales del tabaco consisten en una mezcla de hojas de la planta, previamente curadas por el cultivador, trabajadas y transformadas por la industria en forma de picadura o hebra para cigarrillos o pipa, y en rollos hechos trozos de hoja para cigarros.
La calidad de la producción de la hoja se ve influida por la clase de hoja que se ha cultivado en el campo; por su proceso de transformación y los aditivos y tratamientos que el producto recibe del agricultor y la industria intermediaria.
El éxito del cultivo y la calidad del producto dependen también del clima y la tierra donde se cultiva la planta. La temperatura debe corresponder tanto a un clima templado o cálido como a una humedad media/elevada. Si no se ha alcanzado la humedad deseada se utiliza el riego artificial. En cuanto a las tierras, han de ser profundas, fértiles y bien saneadas. Deben tener una buena orientación y una buena capacidad para recoger y conservar el calor del sol. Y es que el tipo de tierra y sus características son factores decisivos para que la cosecha alcance una producción máxima y una calidad inmejorable.

Fase 1: Semillero y Trasplante
(Período: febrero-mayo)


La semilla del tabaco es de las más pequeñas que existen y las plantitas que producen son tan delicadas que tradicionalmente el cultivador ha tenido que sembrarlas en los semilleros, que es una porción de tierra bien preparada, enriquecida con estiércol, desinfectada, y cuidada con riegos, escardas etc. Actualmente, este trabajoso sistema se está sustituyendo por el de las bandejas flotantes (en la foto). Así, la semilla se siembra en los compartimentos de cada bandeja que se mantiene a flote en pequeñas piscinas, de manera que la planta obtiene la humedad y los nutrientes que necesita directamente del agua.
Cuando las plantas alcanzan un tamaño aproximado entre 10 y 15 centímetros se trasplantan al terreno de asiento, previamente labrado, abonado y con un buen grado de humedad, donde dará la cosecha.

Fase 2: Fertilización
(Período: mayo)



Su principal objeto es suministrar la cantidad justa de cada uno de los elementos nutrientes con el fin de que la plantación alcance el mejor de los rendimientos. El tabaco no sólo tiene una gran capacidad para absorber casi todos los elementos nutritivos que ofrece el suelo, sino también aquellos que ofrece el abonado.
El abono aporta tres elementos principales a las plantas: nitrógeno (N), necesario para el desarrollo de la planta; el potasio (K), contribuye a una buena calidad de la hoja ya curada y fermentada, tanto en apariencia física como en combustibilidad, y el fósforo (P), elemento que favorece el crecimiento normal de la planta. El tipo de abono y la clase de tierra deberán ser elegidos según el tipo de tabaco cultivado, por lo que en favor de la buena calidad y el rendimiento de la cosecha, el cultivador debe conocer bien el abonado que sus tierras necesitan.
Así es como las tierras sueltas o ligeras, aquéllas en que escasea la arcilla y abundan las arenas, son las idóneas para el cultivo de los tabacos Flue-Cured o Amarillos. Sin embargo, los tabacos oscuros, utilizados a veces para la fabricación de cigarros puros, piden tierras mucho más pesadas.
A un modelo intermedio se adaptan mejor los tabacos tipo Burley, cuyo cultivo admite terrenos arenosos e incluso algo arcillosos, pero con contenidos medios de materia orgánica. El cultivo de esta variedad requiere además una mayor cantidad de abono nitrogenado que la exigida para los tabacos amarillos, pero menor que para el tipo oscuro.
Por su parte, los tabacos de tipo oriental o aromático, pueden cultivarse en tierras pobres, pedregosas y de menos fertilidad que las anteriormente citadas. Asimismo, necesitan menor cantidad de abono y dependen de un menor rendimiento en hoja de su cosecha.

Fase 3: El Cultivo
(Período: mayo - julio)



Desde su trasplante hasta que las plantas alcanzan su máxima altura y echan flores pasan entre 50 y 70 días dependiendo del clima, tierra y variedad cultivada. Cuando dejan de crecer y sus ramilletes de flores están totalmente formados, y los capullos han abierto, comienza el proceso de maduración de las hojas que, una vez separadas del tallo, pasan al secadero para su transformación.
Desde el trasplante hasta la cosecha, los periodos más importantes del cultivo son los días que siguen al trasplante y los que preceden a la cosecha, ya que en ellos tienen lugar los cambios fisiológicos más importantes de las plantas.
Los cuidados a realizar en el terreno de asiento son la escarda o limpia de malas hierbas y los aporcados o labores que consisten en llevar la tierra a la base de la planta para la protección del cuello de la raíz. Una vez formados los ramilletes de flores, se procede al despunte, que consiste en cortar el extremo del tallo portador de flores y los brotes de hojas laterales. Tras el trasplante, aproximadamente entre los 90 y los 100 días, las hojas alcanzan su necesaria madurez para cosechar y pasar posteriormente a su recolección.

Fase 4: Cosecha, Recolección, Cuelgue del Tabaco
(Período: agosto - noviembre)



Cuando las hojas van estando maduras, su color cambia del verde al amarillo pálido con cierto brillo, la hoja se vuelve quebradiza y comienza una madurez progresiva que va de las hojas más bajas a las más altas. Una vez maduras, la recolección se puede hacer a mano o con máquinas especializadas, que además de despojarlas de la tierra las colocan automáticamente en los remolques para luego pasar al secadero.

Fase 5: El Curado y los Secaderos



A las pocas horas de haber sido cortadas, las plantas o las hojas sueltas entran en el secadero, por lo que su contenido de agua es casi un 90 por ciento de su peso total. Para reducir tan alto nivel de humedad, pasan al curado, proceso que logra disminuirla hasta un 15 o un 20%.
Además de la pérdida de agua, el curado también transforma la composición química de las hojas, y el color empieza a cambiar hacia el marrón, naranja o dorado, dependiendo del tipo de tabaco y la forma de curarlos.
Los tabacos negros se curan al aire en interiores ventilados, se cuelgan por hojas o plantas enteras y el proceso dura entre 1 y 3 meses. Sin embargo, los tabacos rubios se curan por hojas, en secaderos de atmósfera controlada y ventilación automática y con calefacción-gas y tardan entre 5 y 7 días. Por último, los orientales tienen un proceso de curado al sol en hojas dispuestas en ristra de cuerda y tarda muy pocos días.
Una vez curadas las hojas, se apilan en paquetes y se envían a centros de recepción, procesado o fermentación, donde tendrán un tratamiento tecnológico previo a la elaboración en productos comerciales. El periodo del curado en los secaderos es de mediados de octubre a mediados de noviembre. La fase de curado y secado, según los tipos de tabaco, es de septiembre a diciembre.

Tipos de tabaco en el mundo
Según la variedad cultivada y su proceso de transformación (por tipo de curado), pueden distinguirse fundamentalmente cinco tipos de tabaco:
Light Air-Cured


Tabaco de hoja clara curado al aire: se conoce internacionalmente con el nombre de Burley.

Flue Cured


Tabaco de hoja clara curado al calor. Se conoce indistintamente con las denominaciones de Virginia, Amarillo o Bright (en Italia).

Sun Cured


Tabaco aromático u oriental. Son plantas de hojas pequeñas que se secan o curan al sol. Están representados por variedades griegas e italianas.

Dark Air-Cured


Tabaco de hoja oscura curado al aire. Se emplea para fabricar cigarrillos puros, conocidos con el nombre de Havanna , y negros como el Burley F, Round Scafati o el Santa Fe.

Fire Cured


Tabaco de hoja oscura curado al fuego. Se emplea para fabricar tabaco de mascar y para mezclarse con otras variedades y obtener así el tabaco para pipa. Se conoce con el nombre de Kentucky.
Los tres primeros tipos se emplean principalmente para mezclarlos en distintas proporciones y elaborar los cigarrillos rubios americanos, cuya producción y consumo son los de mayor aceptación en todo el mundo. Asimismo, estas variedades pueden entrar a formar parte de los tabacos de pipa.

Enfermedades y plagas
Las enfermedades del tabaco son una constante amenaza para cultivar con éxito la cosecha. Entre ellas, la podredumbre negra de la raíz por falta de una desinfección apropiada, el moho azul, el cenizo, pulgones o gusanos de suelo mosaico, son las de mayor incidencia en el cultivo de tabaco.

Fuente: Organización de Cultivadores del Tabaco de España