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La droga y el alcoholismo imponen a la sociedad grandes reflexiones
Francesco Antonio Manzoli

El hombre, en su historia natural, ha padecido siempre no solo los grandes flagelos del tiempo, de las estaciones, de las pestilencias, sino que ha sufrido también los daños, a veces incluso más graves, producidos de las maneras más diversas por su misma naturaleza, ya sea por la difusión de ideas y de culturas del odio, y través de la producción y el empleo de sustancias estupefacientes, hilarantes o, en todo caso, capaces de ofrecer ilusión y transitorias sensaciones de placer.

La razón humana siempre ha buscado una demostración, una correlación científica entre características genéticas individuales y comportamiento.

En la edad moderna, han tratado de demostrarlo primero Galt y después Lombroso, con la criminología; hace veinte años se ha intentado con el famoso cromosoma del delito; en junio de este mismo año, con el artículo aparecido en la famosa revista Science, se ha propuesto de nuevo la misma cuestión, evidenciando diferencias a nivel de estructura y dimensiones de los núcleos hipotalámicos al examen autoptico de un grupo de drogados.

Ciertamente, respuestas genéticas diversas existen también a nivel de individuos y de poblaciones con respecto al alcohol. Las demostraciones son consistentes hasta el punto que Hillemand, Lejeune y otros hablan de markers biológicos o genéticos del alcoholismo, como:
— diferencias significativas en los potenciales evocados a nivel de Sistema Nervioso Central;
— escasa actividad de las isoenzimas responsables del metabolismo del etanol y, en particular, implicadas en modificar los niveles de acetaldehido;
— bajos niveles de Monoaminooxidasis (MOA);
— correlación con el sistema HLA de histocompatibilidad de tejidos (y en particular para el HLA-B-27);
— reducción hasta el 75% a nivel linfocitario de los receptores de membrana para la adenosina, responsables de la activación de mensajeros secundarios intracelulares (AMP cíclico).
La diferente respuesta individual sobre bases constitutivas individuales esta, por lo demás, demostrada en numerosas situaciones: para los productos, para las patologías ligadas a exposición a sustancias en el trabajo, a las enfermedades infecciosas, hasta la predisposición para algunas patologías neoclásicas.
Sin embargo, es importante distinguir entre:
— constitución genética y capacidad del organismo de responder o de soportar dosis elevadas de alcohol;
— predisposición al alcoholismo sobre bases genéticas.
En los tiempos extremadamente breves de la vida del individuo, la diferencia probablemente es insignificante. Por el contrario, desde el punto de vista biológico, cultural y social, esta interrogante, aún abierta, propone importantes responsabilidades para proporcionar, o no, coartadas o atenuantes, para proporcionar, o no, servicios y ayuda social, para localizar zonas de riesgo o, en alternativa, para crear peligrosos markers o criterios de clasificación entre los diversos individuos, llegando a instrumentalizar, desde un punto de vista político o racial, conceptos que por lo menos en la mente de Darwin y de sus seguidores eran puramente biológicos.
Gran parte de estos estudios necesitan, sin embargo, de una más profunda comprobación en grandes cifras y un follow-up sobre tiempos muy largos.

Además hay que distinguir atentamente hasta qué punto los elementos observables descritos están ligados a mecanismos estrictamente genéticos o hasta qué punto pueden influir sobre estos fenómenos o factores ambientales.

La importancia de la interacción a nivel de microambiente a nivel celular o molecular, está asumiendo efectivamente una función cada vez más significativa incluso en el estudio de los factores y de los mecanismos que regulan la actividad de la expresión génica, ya sea en términos temporales, ya en los cualitativos y cuantitativos.
Precisamente en mayo de este año 1991, en un congreso internacional con el título de «Ambiente-reproducción humana», iniciado por el Prof. Dulbecco, con el patrocinio y la participación de diversos investigadores del Instituto Superior de Sanidad, han sido abordados estos temas, tanto por lo que se refiere a los estímulos que derivan de la contaminación ambiental, como por lo que concierne a los aspectos a nivel de efectos sobre las primeras fases del desarrollo embrional de fármacos, drogas o sustancias alcohólicas.

Más compleja, en fin, pero ciertamente no menos fascinante desde el punto de vista estrictamente científico, es la posibilidad —por lo demás, de más difícil valoración— de que modificaciones del comportamiento, del desarrollo o condiciones de stress psicofísico, puedan comportar diferencias mesurables sobre parámetros estrictamente biológicos, desde las variaciones de niveles hormonales hasta las posibilidades, demostrables sobre base estadística, de mayor predisposición a las mismas enfermedades neoplásicas.

En la nueva filosofía de la ciencia de estos años afloran y se contraponen nuevas y viejas tendencias que recuperan los más antiguos conceptos griegos, o permanecen en esquemas estrictamente mecanicistas o proponen de nuevo modelos de neolamarkismo con presentación más adecuada.

Las respuestas definitivas a estas preguntas tal vez no serán nuestras, sino probablemente de las generaciones futuras; nuestra misión será formular, seguir o sostener esta o aquella hipótesis; sobre todo serán nuestras las responsabilidades en dar respuestas, aun sobre bases culturales y científicas, a los grandes problemas sanitarios y sociales que a diario se ofrecen a nuestras conciencias.

Por lo tanto, la ciencia debe seguir tenazmente desarrollando su papel, porque muchas respuestas a estos grandes temas son precisamente y sobre todo culturales, tanto desde el punto de vista del conocimiento de los mecanismos como de los efectos, para la dirección de campañas de prevención científicamente orientadas, para dar fuerza, sustancia y convicción a quien debe recibir el mensaje y a quien debe darlo y difundirlo. Sobre estas bases activa el Instituto Superior de Sanidad, que tengo el honor de dirigir.
Además de las funciones institucionales de investigación, vigilancia y control en los sectores que van de los productos medicinales al ambiente o a los alimentos, el Instituto es depositario de una de las más calificadas tradiciones del país sobre las sustancias estupefacientes y sobre el abuso de sustancias alcohólicas.

Precisamente estas experiencias han consentido, entre otras cosas, al Instituto proporcionar los parámetros clínicos y experimentales que se hallan en la base de la actual normativa nacional sobre las drogas y sobre el control de la alcoholemia en los automovilistas.

Han sido iniciativas importantes y obligadas que han traído globalmente al mundo significativas ganancias aun en términos de vidas humanas que, vistas en la perspectiva del gran problema del alcohol o de la droga, se convierten en momentos sumamente limitados y restringidos a ámbitos específicos y definidos.

Vuelve, por lo tanto, el principio de que no puede imponerse la moral o la conciencia por ley, cuando, en cambio, las reglas del comportamiento humano exigen en primer lugar ejemplos y motivaciones.

La humanidad toda atraviesa estos años un periodo caracterizado por profundas crisis ideológicas y económicas, en las que se consuman graves tragedias humanas. Estas crisis envuelven y ocupan a la vez la conciencia y la función de las personas.
La conciencia, en cuanto nos encontramos, a la fuerza, a consecuencia del precipitarse de acontecimientos de diversa naturaleza, obligados a juzgar o, en todo caso, a decidir sobre situaciones que atañen a determinados comportamientos y que, por ello, implican las opciones de vida y el futuro de un individuo.

La función, en cuanto cada uno de nosotros esta dentro de la sociedad con una propia connotación y las responsabilidades consiguientes llevan consigo a menudo obligaciones a intervenciones o sanciones disciplinares más o menos pertinentes o justificadas según leyes que regulan los equilibrios en las sociedades de los hombres.
Los problemas del alcohol y de la droga son de los que ponen a las sociedades frente a grandes reflexiones: cuando un ser humano se refugia en el alcohol o en la droga tiene necesidad, ciertamente, de ayuda moral, de infinita comprensión, de amor, pero al lado de todo esto, también necesita ayudas concretas.

Exigencias de necesidades materiales, pero también una ayuda para analizar atentamente los motivos profundos que han excavado en el individuo aquel oscuro túnel a través del cual ha llegado al abandono o a la convicción de encontrar una solución en el alcohol o en la droga.

El hombre encierra en su naturaleza dos elementos en eterno conflicto: fuerza y debilidad; y cuando un motivo cualquiera determina el predominio de esta última, es misión del prójimo, de todos nosotros, con acciones que derivan del predominio de la fuerza de la razón y del amor, llevar, no socorro, sino dignidad a quien en aquel momento necesita sostén.

Si no resolvemos estos problemas, tal vez podamos eliminar temporalmente el alcohol o las drogas actualmente existentes, pero aparecerán con la misma rapidez nuevos fármacos o nuevas moléculas que podrán dar ilusión, refugio o negación de los problemas, de las dificultades y de las asperezas de la vida.

Volveremos entonces a promover estudios e investigaciones sobre el efecto de esas sustancias en el aparato digestivo, en el respiratorio o en el cardio-circulatorio, o acerca de los efectos inducidos en el sistema límbico o en los sistemas dopaminérgicos o peptidérgicos y sobre la función desarrollada por tales sistemas en el origen de los efectos placenteros, eufóricos o gratos que se obtienen, aunque brevemente, mediante el consumo de tales sustancias.

Son estos temas nobilísimos por el progreso de los conocimientos del hombre y también nobilísimos por la demostración de los efectos de las sustancias de abuso, pero que, desde otro punto de vista, se convierten en métodos para calcular cuantitativamente la degradación de la personalidad humana.

Laescalation de los conocimientos, las pruebas, las demostraciones científicas, no bastan por sí solas para eliminar estos graves problemas que ciertamente son causa de gravísimas situaciones individuales o colectivas, pero en primer lugar son también un síntoma de las realidades y de los problemas de nuestra sociedad.

Por otra parte, el programa de la OMS sobre la salud para todos en el año 2000, ofrece ya hoy, desgraciadamente, graves retardos en las metas intermedias prefijadas en cuanto que el comportamiento humano, ya por motivos de organización, ya económicos o incluso genéticos, no siempre sigue las leyes y las reglas de la racionalidad, de la objetividad, de la serenidad social y espiritual.

Entonces se hacen prioritarios programas y culturas que, junto al esfuerzo científico, puedan proponer una recuperación de las motivaciones de cada individuo para la remoción de las causas sociales en la base de muchos comportamientos desviados, como impulso a una credibilidad política que sepa sensibilizar de manera correcta hacia estas grandes problemáticas, tanto a los individuos como a la colectividad.

El fenómeno de las sustancias de abuso en sus diversas formas tiene dimensiones mundiales; y las problemáticas sobrepasan los confines de las leyes y de los instrumentos de cada Estado; por lo tanto, solamente con el apoyo de un mensaje universal de fe y de contenidos morales superiores, se puede esperar en esta vida de comunes responsabilidades abordar hoy un desafío tan enorme.
La implicación social y los resultados de la misma, aun en el sector estrictamente preventivo, serán tanto más incisivos cuanto más alta sea, sobre todo por encima de los más íntimos egoísmos, la difusión y la participación en la esencia del ser y del devenir del hombre.

Prof. Francesco Antonio Manzoli
Director General del Instituto Superior de Sanidad (Italia)

Dolentium Hominum n. 19