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Edith se decidió a vivir sobria
Testimonio de una adolecente que era presa del alcoholismo
Publicado el 11 de Agosto de 2008 por Webmaster
Por: Angélica Bravo y Cid de León García (Agrupación Jóvenes Contigo)

*Testimonio de una adolecente que era presa del alcoholismo. Ingería bebidas embriagantes para sentir una felicidad pasajera y tratar de olvidar los problemas familiares que la agobiaban.

* Hay una sociedad más permisitiva, crisis de valores morales, desintegración familiar, problemas de índole económico, falta de espacios recreativos sanos, el bombardeo de medios de comunicación

  

“Cuando la conocí era muy tierna, nos hicimos novios y luego comprobé que era alcohólica”, confiesa Bernardo, al referirse de su pareja de nombre Edith, quien en los últimos meses era una asidua visitante de los antros, de donde salía tambaleándose por los efectos de las bebidas embriagantes.

En su casa guardaba entre los cajones del closet, una botella de alcohol, o cuando le hacía falta recorría a la alacena donde siempre encontraba tequila o ron. “Lo peor de todo es que cuando tenía la cruda moral entraba en depresión y me pedía que no la dejara, aunque lo pensé muchas veces cada vez que la veía alcoholizada”.
Edith y Bernardo, los dos con 17 años de edad se conocieron en el primer año de preparatoria y están por empezar el tercer grado. El principio fue bonito- refiere él- hasta que comenzó a notar que Edith olía constantemente a alcohol. “Me dijo que en su casa acostumbraba tomar su aperitivo y que su familia eran muy pachangueros, fiesta tras fiesta y brindis tras brindis”.

El problema se agudizó cuando hicimos nuevos amigos en la preparatoria que comenzaron a invitarnos a los reventones al “antro” donde hay chavas y chavos más grandes, y en donde se consume alcohol. “Yo –dice él- he llegado a tomar una que otra chela, pero hasta ahí, en cambio mi novia, empezaba con una chela, y se seguía con más y más, y no escuchaba razón”.

“En una ocasión me hizo todo un pancho afuera de uno de los antros solo porque le dije que ya no la acompañaría si seguía tomando alcohol, y me empezó a insultar y hasta me quiso golpear”.

Ella, no admitía que tenía un serio problema de alcoholismo, decía que quien toma a diario si es alcohólico, pero que ella podía dejar de tomar cuando ella lo deseara, mientras tanto que no había porque espantarse si era bueno divertirse para quitarse el estrés. El problema del alcoholismo en nuestra sociedad va en aumento. Las edades van desde los 12 a los 29 años, En algunos casos se da desde los 10 años de edad. Sin embargo, el problema es multifactorial, hay una sociedad más permisitiva, crisis de valores morales, desintegración familiar, problemas de índole económico, falta de espacios recreativos sanos, el bombardeo de medios de comunicación para consumir alcohol, carencia de medidas efectivas para controlar la venta de bebidas embriagantes y la falta de campañas oficiales de orientación juvenil sobre el riesgo.

¿Que es ser alcohólico?

El joven que es alcohólico niega serlo. Si, niega que está destrozando su vida por culpa de él alcohol. Sin embargo, él o ella no tienen la culpa de ser alcohólicos, aunque solo escuchar la palabra alcohólico hace sentir vergüenza de serlo. De acuerdo al testamento del alcohólico, editado por Alcohólicos Anónimos, un alcohólico es un enfermo que se crea problemas en cualquier aspecto de su vida cuando entra en contacto con el alcohol, que la enfermedad de alcoholismo es psicosomática que afecta el cuerpo, la mente… y el alma.

El delgado hilo entre la sobriedad y la embriaguez comienza con una copa, así de bebedor social que es el que toma bebidas embriagantes en cada fiesta o reunión o visita al antro los fines de semana, terminará en un alcohólico. Una vida de carencia de verdadero amor por uno mismo se proyecta en los demás; estados emotivos y sentimientos depresivos o de enojo provocan comportamientos agresivos y emociones que van desde el aislamiento hasta la locura; enfermedades físicas, hábitos destructivos y adicciones como el alcohol, el tabaquismo, la droga, o el trabajo excesivo, y todos tienen como común denominador el temor y la frustración ocasionados por una baja autoestima de sí. Las adicciones o hábitos destructivos, como el alcoholizarse, intentan adormecer el dolor.

El adicto profiere su adicción a todo lo demás, con ello, se aleja de la vida y difícilmente se responsabilizará de su falta de amor, origen de los demás problemas que tiene.

Cómo salir de la enfermedad

El precio es decidirse a entrar en el camino del conocimiento propio, para alcanzar un profundo respeto y compromiso con uno mismo, de manera que el amor experimentado se proyecte en una vida cada vez más creativa, en un proceso de descubrimiento, puesto que supone quitar lo que cubre el don recibido que es la vida.

El autoconcepto de nosotros mismos, fue resultado del reflejo que vimos en nuestros padres de lo cual derivó la estima positiva o negativas que hoy tenemos. Por eso, para llegar a un conocimiento propio y una estima de sí, es necesario de reflejar en verdad a la persona en tanto que esta se va revelando. Por eso, nosotros podemos contribuir a fortalecer la autoestima de quienes viven con nosotros y están enfermos de alcoholismo.
El caso expuesto a “Jóvenes Contigo” por Bernardo, acerca del problema de alcoholismo de su novia Edith, empieza a ser abordado de manera positiva tanto por él como por los padres de ella, ya que una vez enterados del problema le ofrecen apoyo y compañía. El reto a vencer es que permanezca sobria. Ella tuvo que convencerse de que estaba enferma de alcoholismo, y que ésta enfermedad es progresiva y mortal. Después se decidió apartarse de sus amistades y de asistir los fines de semana al “antro”.

Hoy sabe que no son las cosas de hoy las que nos vuelven locos, lo que nos enloquece y nos lanza a la bebida es el remordimiento y la amargura por algo que aconteció ayer, y el miedo por lo que sucederá mañana. Por eso, se toma el reto de vivir un solo día a la vez para mantenerse sobria, y esas 24 horas sumarán días, semanas, meses, años…. ¡todo lo que le reste de vida! A veces el enfermo tarda mucho tiempo en sanar. La recuperación llega cuando uno está listo para dar el paso y decir a dios al dolor que lleva uno dentro, y comenzar a ser las paces con uno mismo y con quienes creemos que nos han dañado, y cambiar por un te amo, te perdono y todo va a estar bien.

Factores que ayudan para permanecer sobrio (a):

Humildad:
Valorización veraz de las cosas tal como son; voluntad para afrontar los hechos; reconocimiento de nuestra condición de alcohólicos; liberación del orgullo y la arrogancia; comprensión de la debida relación entre nosotros y Dios, así como entre nosotros mismos y nuestros semejantes; aceptación y práctica de esta relación durante 24 horas.

Honradez:
Liberación de la vana ilusión; integridad en los actos y en el pensamiento; sinceridad en nuestros deseos de recuperación del alcoholismo; buena voluntad para admitir un error; equidad en todo nuestro trato con los demás; resistirse a esa primera copa tomada a escondidas; no resistirse a pedirle ayuda a Dios.

Fortaleza:
Estado de ánimo que nos permite tratar los problemas y las realidades de la vida sin depender para ello del alcohol; entereza para sobrellevar las cosas que no podemos cambiar; determinación de sostenerse en la actitud de pedir ayuda a Dios para todo problema desagradable o no, que nos pueda hacer volver a la borrachera; no tener miedo.

Amor:
Es necesario cultivarlo. A medida que desarrollemos la disposición para amar aumentaremos nuestra capacidad para ser felices y darnos a los demás y estar contentos en nuestra abstinencia. La falta de amor y la borrachera van de la mano.

Jóvenes Contigo