Cultura y tradiciones

La ceremonia ritual de los Voladores
México
Inscrito en 2009 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

La ceremonia ritual de los voladores es una danza asociada a la fertilidad que ejecutan diversos grupos étnicos de México y Centroamérica, en particular los totonacos del Estado de Veracruz, situado al este de México. Su objeto es expresar el respeto profesado hacia la naturaleza y el universo espiritual, así como la armonía con ambos. En el transcurso de la ceremonia, cuatro jóvenes trepan por un mástil de 18 a 40 metros de alto fabricado con el tronco de un árbol recién cortado en el bosque tras haber implorado el perdón del dios de la montaña. Sentado en la plataforma que remata el mástil, un quinto hombre, el caporal, toca con una flauta y un tambor melodías en honor del sol, así como de los cuatro vientos y puntos cardinales. Después de este acto de invocación, los danzantes se lanzan al vacío desde la plataforma a la que están atados por largas cuerdas; giran imitando el vuelo de los pájaros mientras la cuerda se desenrolla, y van descendiendo paulatinamente hasta el suelo. Cada variante de la danza ritual de los voladores representa un medio de hacer revivir el mito del universo, de modo que esta ceremonia expresa la visión del mundo y los valores de la comunidad, propicia la comunicación con los dioses e impetra la prosperidad. Para los ejecutantes de esta danza y todas las personas que comulgan con la espiritualidad del rito en calidad de espectadores, la ceremonia de los voladores constituye un motivo para enorgullecerse de su patrimonio y de su identidad culturales, al mismo tiempo que suscita un sentimiento de respeto por ambos.

Otros nombres
• Voladores de Papantla
• Danza de los Voladores
• Danza del Palo Volador
• Danza de las Águilas o Gavilanes
• Danza del Sol
• Danza de la Fertilidad
• Danza del Mono
• Danza al Dios del Cacao
• Rito Ceremonial de los Voladores

Ubicación geográfica
• Totonaca: Kogsni (Volador)
Sierra y de la costa norte de Veracruz, Puebla e Hidalgo. Cabe destacar la importancia de la escuela Kgosni para Niños Voladores totonacos de Papantla.
• Teeneks Bixom T´iiw (Danza de los Gavilanes)
San Luis Potosí.
• Nahua: Cuauhpatlanque (Los que vuelan con la ayuda de un mástil)
Hidalgo y Puebla. Se destaca la importancia de la Escuela Comunitaria de Niños Voladores nahuas de Xolotla, Pahuatlán.
• Tepehuas del norte de Veracruz
En esta zona la práctica de la Ceremonia ha caído en desuso.
• Ñañhú: Ratakxöni (Los que vuelan)
Puebla. Se destaca la importancia de la Escuela Comunitaria de Niños Voladores de la comunidad de Chila, Municipio de Honey.
• Mayas Kichés: Ajxijoj Kiktzoykib´ Pwi´che (Danza del Mono)
Kaqchiquel, achi y tz’utujil de Guatemala
• Pipiles: Comelagatoazte (Danza al Dios del Cacao)
Nicaragua.

Aunque es difícil determinar cuándo y dónde se originó, se remonta al menos a 600 a.C. Esta ceremonia ya existía en la época de los toltecas y se extendió hasta Guatemala, Nicaragua y El Salvador. Formó parte de los ritos de merecimiento, con el fin de obtener prosperidad y larga vida. Fue introducida entre los mexicas por Huehue Moctezuma en el quinto año de su reinado en Tenochtitlan (1465). Esta ceremonia era conocida como Tlacacalistli, teniendo lugar durante las fiestas del Tlacaxipehualistli, dedicada a Xipe Totec.

Las opiniones de Torquemada, Clavijero y Boturini, nos dicen que la danza del volador es tolteca y se le da paternidad a los totonacas, suele apuntarse, como su nombre lo muestra, que los voladores son de Papantla, de una región totonaca ubicada en los límites de Veracruz con Puebla, aunque hay vestigios de un ritual similar representado en cerámica en culturas de los estados de Jalisco, Colima y Nayarit. Otras versiones apuntan a que este ritual, como hoy lo conocemos, ya se celebraba en antiguos centros ceremoniales como Yohualicha, en Cuetzalan, pueblo místiquísimo de la Sierra de Puebla, donde cada tarde los voladores, antes de que se acueste el sol, hacen esta hermosa alegoría. Aunque quizá su origen es totonaco, su uso se extendió a regiones nahuas del centro y occidente del país, y se cree que la alusión a los ciclos solares fue incorporada por los mexicas.

En la zona del Totonacapan, y específicamente en la región de Papantla y demás zonas aledañas a El Tajín, importante centro ceremonial y cosmopolita prehispánico (del siglo VIII al XII: Clásico Tardío), donde se ubica su centro de confluencia, la Ceremonia Ritual de Voladores se ha constituido como un ícono sólidamente identificado, pues los totonacas han asumido la paternidad del elemento, protegiéndolo -como esencia de su identidad- de los múltiples factores de riesgo en el pasado (conquista, colonización, etc.) y en el presente (migración, comercialización excesiva, depauperización económica de los campesinos danzantes, modelos educativos homogeneizantes, aculturación de las nuevas generaciones, deforestación, etc.)

No obstante, su disposición a convivir con el exterior, los totonacas son cuidadosos en cuanto a la conservación de sus valores culturales. En el caso específico de la Ceremonia Ritual de Voladores, aunque aceptan mostrarlo a turistas, el Consejo de los Ancianos del Totonacapan, interesado en preservar la identidad, ha apoyado la creación de diversas Asociaciones de Voladores y Escuelas de Niños Voladores con el propósito de preservarlo en su forma original y estimular el conocimiento profundo de su significado.

Sus propósitos originales y esenciales expresan principios y valores propios de la cosmogonía indígena, tales como la comunicación con las deidades y la relación armónica con el universo y la naturaleza, así como los valores de la tradición, de la purificación, del perdón, de la participación comunitaria, etc. Y, finalmente, se abarca también un interesante cuerpo de tradiciones y expresiones orales. Si en épocas cercanas algunos grupos han accedido a presentarlas en forma abreviada (el vuelo) para el deleite de los turistas se debe, en parte, a la capacidad de adaptación de estas etnias. Pero es importante acentuar que el vuelo es sólo una etapa de la ceremonia, y que existe la preocupación de que el rito continúe practicándose al interior de las comunidades de manera integral.

En la región del Totonacapan existen, aproximadamente:
• 33 grupos de voladores registrados
• 3 Escuelas de Niños Voladores
• 3 Asociaciones
• 500 Voladores identificados

El rito de los voladores
Con múltiples variantes por dispersión tempo-espacial, esta ceremonia es, esencialmente, una ceremonia con la que se establece comunicación con los dioses para brindarles ofrendas y solicitarles la fertilidad de la tierra. Según la tradición, que se mantiene vigente desde el año 600 a. C., en una época de sequía y hambruna los ancianos enviaron mensajeros-sacerdotes (Voladores) a brindar ofrendas a los dioses y pedirles lluvia que fertilizara la tierra.

Gracias a la preservación de la tradición oral, restos arqueológicos y de algunos códices, existe documentación sobre sus orígenes. Un ejemplo de esto es el códice Tepeucila, donde se tiene registrada la escena de una ceremonia de voladores.

Los antiguos mesomericanos advirtieron, gracias a su observación del cielo, que todo lo que ocurre en la tierra está relacionado con ciclos repetitivos, que determinan el curso de lo que sucede. Para ellos, estos ciclos fueron elementales en su cosmovisión; los hombres debían asegurarse de que estos ciclos se llevasen a cabo para la preservación de la vida. Desde el más cotidiano, como el nacimiento y ocultamiento del sol, hasta la llegada de las estaciones, o de los ciclos astronómicos más complejos.

Los mayas y los mexicas coincidieron en la cuenta de los ciclos solares de 52 años en que ocurrían cambios en el curso de los tiempos y en la percepción de los hombres. Los mexicas hacían la celebración del Fuego Nuevo y los totonacos la danza-invocación, conocida como kos’niin o “vuelo de los muertos”; en ella se efectúa el saludo al padre sol y se realiza una petición a la lluvia para que fertilice el suelo. Es un momento espiritual que cuenta con muchos significados.

La ceremonia tiene su riesgo, ya que, desde la tala, recolección, traslado, levantamiento del tronco y realización de la danza, las personas corren riesgo físico y de vida. Normalmente las danzas tradicionales cuentan con sus elementos de sincretismo, se realizan enfrente de la iglesia del pueblo en el día de Corpus Christi y fechas que se asocian con la temporada de lluvias y la buena siembra.

La ceremonia consta de varias etapas, en algunas etapas se realizan ofrendas a las deidades y se les solicita su perdón, pues las etnias practicantes sostienen que los seres humanos no somos dueños de la naturaleza sino parte de ella y, por lo tanto, esta convivencia debe regirse por el respeto y la armonía.

Etapa

Participantes

Descripción

Formación de participantes

Caporales y voladores

Identificación del don, preparación espiritual-física

Preparación del vestuario

Maestros y voladores

Confección y conocimiento del significado

Ascesis previa

Comunidad y voladores

Abstinencia sexual, alcohol y malos pensamientos para purificación

Palo volador

Voladores

Brindan ofrenda y piden permiso al dueño monte (Kiwikgolo)

Arrastre

Voladores y comunidad

El palo es arrastrado a donde se erigirá

Levantamiento

Voladores y comunidad

Ofrenda a la madre tierra en el hoyo donde se erigirá

Danza

Voladores

Con diversos sones se pide perdón y solicitan bendiciones

Vuelo

Voladores y Caporal

Consumar la comunicación con Padre Sol (Chichiní)

Formación de participantes
En la terminología totonaca a los danzantes se les denomina “aquellos que vuelan”, transliteración de tsoqoqósnu (voladores). La leyenda acerca del origen de la ceremonia de los voladores dice que, en tiempos de una fuerte sequía que hizo padecer hambre a los pobladores de esa región, la sabiduría de los viejos encomendó a cinco jóvenes puros localizar el árbol más alto y duro, cortarlo y usarlo en un rito que fuera una plegaria vinculada con música y danza para agradar a los dioses; esta petición al dios sol debía realizarse en las alturas del árbol a fin de que fuese escuchada, y debían solicitarle con fervor y humildad que concediera lluvias generosas que devolvieran fertilidad a la tierra, surcos, árboles, y toda la vegetación se vistiera de verde, de flores y frutos, y así quitaran a los hombres de padecer hambre y de penar.

Por ello los voladores son instruidos desde que son pequeños. Siendo jóvenes solteros hacen una promesa de siete años, durante éstos no pueden tener novia para no manchar la intención de su ofrenda con pensamientos malsanos, años en los cuales cumplirán practicando la danza y en cierto tiempo conforme a las celebraciones del ritual deben abstenerse de tomar alcohol y de encuentros sexuales.

Preparación del vestuario
Se dice que los voladores antiguamente usaban disfraz de águila y representaban las almas de guerreros sacrificados en batalla; también menciona la creencia indígena, que los guerreros sacrificados regresaban a la tierra en forma de pájaros y mariposas, cuando era el medio día, para libar el néctar de las flores y que los voladores son estrellas matutinas y miradas candentes del astro del día: el Sol (Chichiní).

Inicialmente sus trajes eran de plumas (por ser hombres-pájaro). Hoy se visten de manta blanca (por la influencia mestiza) aunque sus ornamentos representan animales de diversos tipos, todos compañeros del hombre y dependientes de la fertilidad de la lluvia y los ciclos de la vida (también se trata de aves asociadas al sol). El gorro en forma cónica (con un penacho significa un quetzal; también cuando se lleva en la cabeza una especie de semicírculo (muy presente en la artesanía de Cuetzalan) se hace alusión al quetzal. Los listones que cuelgan de la espalda, simbolizan el arcoíris que se forma luego de la lluvia. Las flores tejidas en las bandas del pectoral o cinturones son la fertilidad y la tierra. Los dos medios círculos de terciopelo que penden de la espalda y del pecho representan las alas de las aves. El rojo de los pantalones simboliza al sol, y también la sangre de los danzantes que han muerto.

Ascesis previa
Aunque actualmente se está perdiendo la ceremonia tradicional, en algunas ocasiones se realiza completa, incluyendo el corte del palo volador. La ceremonia de los voladores comienza con el corte de los tarros (bambúes), usados para levantar el palo, se excava un hoyo donde va a ser enterrado y se pone un altar con ofrendas. También se preparan los púlakles (tamales de frijol). Al día siguiente, los niños voladores desayunan los púlakles, luego todos se trasladan al fragmento de selva donde se encuentra el palo elegido (altura de 20 m y diámetro de 30 cm). Posteriormente, se solicita el permiso al Kiwikgolo (“palo viejo”: dueño del monte), es decir, el lugar con el árbol más viejo del bosque, como puede ser el chicozapote y una roca grande (lakatacpan: donde vive el dueño del monte), y se colocan las ofrendas: púlakles, aguardiente, agua bendita, flores blancas, velas, tabaco, incienso y dos máscaras barbadas que representan a los dueños de la danza. Luego el caporal pide el permiso y perdón al dueño del bosque por quitarle un árbol, a través de unas palabras y en canto, dichos en totonaco. Al finalizar el canto, dos señores se ponen las máscaras (el de barba blanca corresponde al padre y el de barba negra al hijo) y, montados en sus caballitos de palo, van gritando hasta donde se encuentra el palo volador. También se dirige hacia allá el caporal (el músico), tocando la flauta y el tambor, seguido por los demás pobladores, hombres, mujeres y niños, vestidos con su atuendo tradicional. Un joven lleva el aguardiente y otro el hacha; otros más, las flores blancas. Al pasar cuatro días, regresan los danzantes y comienza nuevamente la ceremonia y la música; primeramente se dan 12 hachazos comenzando un son llamado “del perdón”, terminada la danza se retiran purificados para luego proceder al corte definitivo.

El sakát’kiwi  (Palo volador)
Actualmente la ceremonia de los voladores se ha convertido en una importante fuente de ingresos para la comunidad por ser un atractivo turístico. Pero se está sustituyendo el sakát’kiwi y awawá kiwi (en totonaco), o palo volador (Zuelania guidonia y Carpodiptera ameliae) por un poste metálico. Esto ha llevado a que se pierda una parte importante de la ceremonia: el ritual del corte del palo. Por esto, el Consejo de los Ancianos del Totonacapan, en el norte de Veracruz, se ha interesado en preservar la ceremonia en su forma original.

Para la ceremonia de los voladores se requiere un palo hecho del tronco de un árbol, que se corta y levanta verticalmente. Las especies preferidas son el palo volador, sakát’kiwi (en totonaco), trementino o nopo (Z. guidonia) y alzaprima o awawá kiwi (en totonaco) (C. ameliae), por ser altas, derechas y de madera dura. Estas especies han disminuido rápidamente y el corte que antes se efectuaba con regularidad ahora se realiza en ocasiones extraordinarias.

La especie que se describe es Z. guidonia, que pertenece a la familia Flacourtiaceae. Se distribuye en los estados de Chiapas, Puebla, San Luis Potosí, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán. Se encuentra en selva alta y mediana subperennifolia, selva baja caducifolia y subcaducifolia, en altitudes de 0 a 500 m. Es un árbol de copa redondeada o piramidal, que llega a medir hasta 30 m de altura y tiene un diámetro entre 30 y 50 cm, su tronco es recto y presenta un fuste largo y limpio, con ramas horizontales. Su corteza tiene un grosor de 18 a 20 mm, es lisa, de color gris a pardo grisácea; la parte interna es de color crema amarillento a rosado. Sus hojas son alternas, simples, van de oblongas a estrechamente elípticas, con el margen entero, ápice agudo, base redondeada, truncada; su color es verde brillante. Sus flores miden de 4 a 5 cm de diámetro y tienen un olor parecido a la gardenia. Los frutos miden hasta 8 cm de diámetro, son carnosos, trivalvados y globosos, y presentan numerosas semillas, que se encuentran rodeadas de una pulpa amarillenta.

En el caso de la sustitución del palo volador por el poste metálico se piensa que es por la disminución de los árboles Z. guidonia y C. ameliae y de los ecosistemas donde se encuentran, o por la dureza que ofrece el metálico en comparación con el palo de madera. Por esto, son necesarios los estudios ecológicos para conocer el grado de conservación y abundancia de estas especies, así como identificar las causas del abandono del uso del palo. Algunas iniciativas para la preservación de la ceremonia y la conservación de las especies son: realizar acciones con la gente, que vayan desde el conocimiento local, analizar la importancia cultural, hasta la reproducción en invernaderos.

Arrastre
Una vez que llegan al palo elegido, los danzantes bailan en círculo alrededor de él y marcan cada uno de los puntos cardinales (el árbol es el centro). Luego el caporal comienza el corte dando los primeros hachazos, le siguen así los voladores jóvenes y después cada uno le echa agua bendita en forma de cruz. Terminado el ritual, el hachero inicia el corte y por seguridad mandan a la gente (mujeres y niños) al lugar donde se realizó el ritual del permiso, para que no corran peligro cuando el palo caiga. Después desraman el palo y preparan las cuerdas para el arrastre fuera del monte, que se efectúa con ayuda de polines. Más de 200 hombres –pues mide más de 20 metros- suben el palo a la grúa y lo trasladan a su destino final.

Levantamiento
Antes de enterrar el palo se le viste con bejucos para formar las escalerillas por donde subirán los voladores; se le hacen los arreglos necesarios para realizar el vuelo. Se corta la punta del palo para colocar la manzana, carrete que encaja en la punta del palo, y el cuadro, marco para poner las reatas y donde los voladores se sientan. Sigue un ritual durante el cual ofrendan una gallina negra viva, aguardiente, tamales y flores que se ponen dentro del hoyo, que fue excavado el día anterior para colocar el palo. Ahí levantan el palo con los tarros, colocan la manzana y las reatas. Se introduce una gallina negra en el hoyo cavado previamente y se vierte una botella de aguardiente, todo ello para consagrarse a los dioses y protegerse de cualquier peligro.

Danza
Antes de iniciar el vuelo alrededor del palo se lleva a efecto una danza para invocar al dios del viento pidiendo perdón y protección. El día de la ceremonia, todos los participantes deben estar en gracia con Dios pues el indígena no se ha olvidado de sus deidades protectoras autóctonas, una mezcla de catolicismo y paganismo. Antes de comenzar el ritual, el caporal marca el inicio de la ceremonia con la flauta y el tamborcito, se les da la oportunidad a los jóvenes y niños de hacer el saludo al sol, la petición de lluvia y el ofrecimiento de su música. Antes de ascender, bailan varios sones alrededor del palo y luego lo suben los voladores uno por uno, y estando arriba, se aseguran amarrándose perfectamente en cada lado del cuadro instalado; estas esquinas representan los cuatro puntos cardinales. Instalados los cuatro hombres, sube el Caporal, que lleva la flauta y el tamborcito sujetos a la cintura; al llegar a la manzana (carrete) se sienta y dirige su mirada al oriente, invoca al sol tocando sus instrumentos, después se inclina hacia atrás sobre su espalda mirando de frente al cielo, se dirige a todos los dioses pidiendo protección para quienes realizarán el vuelo. El primer son es dedicado al oriente, el segundo al poniente, el tercero al norte y el cuarto al sur.

Cuando termina esta invocación, el danzante se pone de pie en la pequeña plataforma, se endereza y yergue majestuoso en una altura de 25 o 30 metros dirigiéndose al oriente e inicia su baile girando en un solo pie en la punta de la manzana sin la seguridad de una cuerda hasta quedar nuevamente frente al oriente, siempre acompañado por la música y el “son de los cuatro puntos cardinales”. Una vez terminado el rito, el Caporal se sienta y los cuatro voladores, seguros ya de la protección divina.

Esta importante ceremonia ha tenido algunas modificaciones, antiguamente se realizaba con verdadero esplendor, pero en esencia sigue siendo la misma. Cuando llegaron los españoles, al celebrar las festividades de Corpus Christi, la religión católica se adaptó a las fechas de la gran celebración del sol.

Vuelo
Los cuatro voladores representan los cuatro símbolos del año y las trece vueltas de cada uno forma el tlalpilli de cada ciclo de 52 años (Xiuhmolpilli), por eso denominaban a cada volador con un nombre: el primer volador, Tochtli (conejo); el segundo, Acatl (caña); el tercero, Tecpatl (pedernal) y el cuarto volador, Calli (casa).

Los cuatro niños voladores, que están sentados sobre el marco y amarrados por la cintura, se inclinan hacia atrás y ponen en movimiento la manzana y el cuadro. La rotación de los voladores simboliza el movimiento del sol. Giran alrededor del palo con la cabeza hacia abajo, los brazos abiertos y los pies cruzados sobre la cuerda. Al cabo de trece giros, llegan al suelo. Al final baja el joven caporal por una de las cuerdas que sostienen los demás. Se despiden bailando un son alrededor del palo y con esto termina la Ceremonia de los Voladores.

Fue durante la época de los mexicas cuando se introdujo la combinación de elementos simbólicos: música como ofrenda y danzas en la punta del palo, posición cabeza abajo y brazos abiertos de los cuatro danzantes y los disfraces de pájaros asociados con el sol.

Usos sociales, rituales y actos festivos
La Ceremonia Ritual de Voladores es una verdadera obra de arte que sintetiza el significado de li tutu nakú: el “ser totonaco”. Reafirma la identidad grupal y la conciencia de continuidad de las etnias practicantes, -ya que se asocia al ciclo de la vida-, expresa una visión del mundo presente y pasado y expresa la necesidad de mantener relaciones de armonía y respeto con la naturaleza.

Es muy importante que los voladores y la comunidad en su conjunto cumplan con el periodo previo de trabajo espiritual personal (ascesis y purificación), ya que si durante el ritual ocurriera un accidente se interpretaría como una mala señal.

La Ceremonia Ritual de Voladores se realiza durante fiestas patronales, y/o en los carnavales, en los solsticios y equinoccios, en las festividades de los muertos y en ceremonias asociadas con la siembra y la cosecha. La etapa de vuelo puede realizarse en cualquier momento con fines de exhibición, por lo que los voladores constantemente deben mantenerse preparados física, mental y espiritualmente.

La Ceremonia Ritual de Voladores expresa mitos y concepciones del universo y de la naturaleza. En cualquiera de sus variantes, recrea un mito cosmogónico: … si la danza se lleva a cabo en momentos coyunturales del cosmos, como puede ser durante los carnavales, el solsticio de invierno o al iniciar/finalizar un año agrícola, es decir cuando se precisa la renovación y fortalecimiento no sólo del mundo, sino también de la humanidad, y de los bastimentos, el gran falo vuelve a penetrar la tierra y provoca una gran fertilidad, por ello recrea un mito cosmogónico. En el instante en que «plantan» el árbol en el centro de la plaza del pueblo, en el centro del cosmos, se apuntala el mundo y una vez más, como en los mitos de origen, se separan los cielos de la tierra. El capitán de la danza, en el momento que levanta los brazos, renueva el axis mundi que está fijo en el ombligo de la tierra y se prolonga hasta el cielo; su gesto entonces tiene una significación cosmogónica. Erguido en el ápice del mástil toca la flauta e imita el sonido primordial; con las reverencias hacia las cuatro partes del mundo, se adquiere la soberanía sobre las direcciones del espacio cósmico, con ello se domina el conjunto del espacio temporal y el movimiento del astro solar. Una vez recreada la cosmogonía, en el caso de aves, su vuelo puede interpretarse como el movimiento de los rayos solares, de las fuerzas calientes. Con su movimiento se reinicia el transcurso circular del Sol alrededor de la tierra. Y con el descenso de los seres relacionados con el inframundo, los seres fríos, aquellas criaturas que habitaron la tierra antes de la aparición de los verdaderos hombres, se vuelve a abrir ese espacio pletórico de fertilidad y se alcanza la renovación del universo completo. Con estos ritos se adquiere la soberanía sobre las cuatro direcciones del espacio y se domina el conjunto del espacio temporal.

La mujer y su participación
En la ceremonia de los voladores las mujeres no participaban directamente, ya que según sus creencias, si la mujer toca el palo puede secarlo, por ello aquellas que asisten se mantienen a cierta distancia. En la actualidad la tradición está cambiando y existen grupos de mujeres voladoras en Zozocolco, Veracruz, y Cuetzalan, Puebla. Es importante reflexionar sobre estos cambios ya que implican nuevas formas de pensamiento e inclusión. Existe un activismo por parte de las mujeres de estas regiones para romper aún con este estigma.

Contribución para asegurar visibilidad y sensibilización, e impulsar el diálogo

Como patrimonio vivo, el ritual no ha quedado estático en un tiempo determinado, sino que, debido a su constante recreación y a la incorporación de nuevos contextos y generaciones, se ha modificado por medio de singulares procesos de adaptación y regeneración de manera que hoy en día expresa la cosmogonía, los valores y la identidad de las comunidades actuales.

La belleza y espectacularidad de la etapa del vuelo de la Ceremonia Ritual de Voladores han contribuido a su permanencia y a que sea considerado, nacional e internacionalmente, como un ícono de las tradiciones indígenas de México. Sin embargo, el hecho de exaltar su folclorismo o espectacularidad no necesariamente implica que sea comprendida y sí, en cambio, pueden ser factores que la expongan a un trato meramente recreativo y/o comercial, que afecten su supervivencia o que contribuyan a la no apreciación o incluso a la deformación su valor y significado auténtico y esencial.

La expansión de valores e instituciones globales no necesariamente implica que las tradiciones culturales en África, América Latina y otras partes se estén abandonando o destruyendo ante la propagación de referentes globales. En muchos casos terminamos presenciando procesos de transculturación en los que “realidades” locales, ancestrales o modernas, se filtran y reinterpretan con realidades globales. Las culturas mesoamericanas, aun cuando en la actualidad comparten con otras etnias el riesgo de ser absorbidas por la homogenización cultural de las instituciones globales, mantienen creencias, ritos y prácticas que en mayor o menor medida las distinguen como etnias y delimitan frecuentemente sus diferencias con ellas. De ahí la importancia que la Ceremonia Ritual de Voladores sea Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad. Esto es :

• Un estímulo para que las comunidades practicantes ofrezcan sus valores y expresiones al mundo globalizado con orgullo y con la seguridad de que son aceptados y respetados.
• Una ventana que se abre al resto del mundo como posibilidad de acceso a diferentes estructuras de pensamiento vigentes. La comprensión y respeto de las diferencias culturales es uno de los principales factores que, más allá de posturas etnocentristas o universalistas, coadyuvará a la creación de paradigmas incluyentes y sinérgicos.
• Reivindicar y fortalecer la percepción del ritual con su conjunto de significados al interior de las comunidades que las practican.
• Reforzar la visibilidad de la que ya goza (en términos de su difusión como producto turístico), pero proporcionando información que realce sus auténticos significados y valores, cuya reinterpretación cobra vigencia ante un mundo en proceso de globalización y que, sin duda, puede ayudar a su preservación y enriquecimiento.
• Reivindicar y fortalecer la percepción de la cultura, en amplio sentido, de cada etnia practicante, ya que el elemento no sobrevive de manera aislada, sino en sus relaciones con los espacios físicos, comunicativos, económicos, artísticos, etc.
• Estimular la protección y cuidado de otros elementos que forman parte de estas culturas, en un sentido integral (Por ejemplo, las tradiciones orales y con ellas, sus lenguas; su artesanía y con ellas, sus técnicas y materiales, etc.)
• Fomentar el orgullo, la dignidad y el respeto por la propia cultura y su diversidad, al mostrar cómo, por medio de sus rituales, contribuyen a fomentar la comprensión global de la diversidad.
• Facilitar el acceso al mundo conceptual en el que viven los grupos étnicos practicantes para establecer un diálogo intercultural.
• Apoyar la legitimación de políticas culturales como elemento estratégico para la erradicación de la pobreza y el cuidado de los recursos de la naturaleza. Por ejemplo: Proyectos de etno- y eco-turismo sustentables, en los que se abran espacios para el diálogo entre actores de la diversidad cultural, tanto nacionales como extranjeros.
• Establecer compromisos en términos de la seguridad física y social de los danzantes que arriesgan su vida en esta ceremonia, así como de sus familias.
• Fomentar la reflexión de la importancia de los compromisos y trabajo comunitario.
• Estimular la investigación, sistematización y divulgación de la información sobre éste y otros elementos para reconocer la situación y diseñar estrategias para responder a las necesidades actuales de grupos indígenas.

Medidas de salvaguardia. Viabilidad en peligro
En la región del Totonacapan, este ritual sobrevive al proceso homogeneizador de la modernidad y se adapta a las exigencias del mercado turístico y comercial sin perder los elementos esenciales que le dan sentido al interior de las comunidades; sin embargo, existen factores que ponen en peligro su significado profundo.

• Pérdida del significado ritual: Si bien la espectacularidad de la etapa de vuelo del Ritual de Voladores ha permitido a sus practicantes participar en el mercado turístico con relativo éxito, y éste es un factor que sin duda ha contribuido para su permanencia, uno de los aspectos que preocupa a ancianos y maestros de las comunidades es que sólo están quedando “pedazos” de la ceremonia: los empresarios sólo consideran la ejecución de 4 o 5 sones y el vuelo, para hacer los contratos. Para las nuevas generaciones de danzantes “profesionales” ya no es necesario el ritual “completo” y por lo tanto tampoco se forman como danzantes “completos”. Los principios ascéticos y normas tradicionales de ética y conducta de los danzantes-oficiantes se deterioran a gran velocidad y los conceptos de vida cristalizados a través del ritual se pierden. Asimismo, los jóvenes conocen las versiones abreviadas y, no obstante, el interés de ancianos y maestros por preservar su significado, éste se diluye gradualmente frente a nuevos estereotipos y modelos de vida (nuevas formas de pasar el tiempo libre, de informarse, de comunicarse, de interpretar y de integrarse al mundo, etc.) Para cumplir con este procedimiento ritual se requiere de varios días y de la participación no sólo de los músicos y danzantes, sino de toda la comunidad: hombres y mujeres. La relación ritual con los elementos del cosmos (sol, agua, aire, tierra) no es asunto sencillo, está en juego el equilibrio del mundo y la supervivencia de la humanidad. Los danzantes se convierten en sacerdotes-oficiantes intermediarios entre las deidades y los seres humanos.

• Aumento de la peligrosidad: La pérdida de principios también ocasiona que se descuiden los meticulosos conocimientos técnicos que los danzantes deben cuidar para la ejecución de su oficio, pudiéndose provocar accidentes que ponen en riesgo su integridad física. Previo al ingreso al espacio sagrado de la ceremonia, sus ejecutantes deben cumplir con estrictas normas ascéticas: ayuno, retiro, abstinencia sexual y de bebidas alcohólicas, oraciones, meditación; no se permiten ni siquiera malos pensamientos. El no cumplimiento de estas normas puede ocasionar no sólo la muerte de los danzantes sino consecuencias funestas para la comunidad: devastaciones naturales, conflictos, enfermedades, hambre, desarmonía, etc.

• Competencia: No hay suficientes plazas que garanticen trabajo para los diferentes grupos de voladores de cada región, por lo que la competencia y la envidia por conseguir los contratos llevan a frecuentes divisiones y conflictos.
• Pobreza, marginación y discriminación: Realizar la Ceremonia Ritual de Voladores tiene un costo (material, indumentaria) que resulta elevado dadas las condiciones socioeconómicas de sus practicantes. Preocupados por el sustento para sus familias, adultos y jóvenes buscan oportunidades en otros lugares y migran. Los miembros de las comunidades indígenas abandonan paulatinamente sus tradiciones, idioma y vestimenta, en un afán por sentirse incorporados a la vida urbana moderna. Este abandono termina por diluir sus sentimientos de pertenencia e identidad étnica. La falta de comprensión sobre la diversidad cultural provoca que personas ajenas a las tradiciones indígenas muestren falta de respeto o que las observen únicamente como exotismo.
• Falta de información. La falta de información disponible sobre el sentido y significado del complejo ritual de la ceremonia afecta a la población joven que habita actualmente en la región, así como a los visitantes, lo que dificulta su justa valoración y el emprender acciones profundas de salvaguarda. 
• Deforestación. La deforestación de la región, provocada por la ganadería extensiva practicada por la población no indígena, ha ocasionado la desaparición del tsakáe kiwi  o palo volador; aunque ha sido sustituido por tubos metálicos, implica la no realización de etapas donde se cristaliza la comunión espiritual que se establece con el mundo natural y sobrenatural a través de los pasos de selección, corte, arrastre y levantamiento del palo volador, además de la parte culminante de la ceremonia: el vuelo.

Origen de la danza del volador
La Ceremonia Ritual de Voladores está sustentada en una tradición oral importante que incluye leyendas, oraciones y diálogos de la época prehispánica que se han transmitido por generaciones como elemento esencial de su identidad. En cada una de las narraciones se manifiestan mitos y concepciones del universo y la naturaleza, ya sea en su forma original (prehispánica) o como una expresión del modo en que las comunidades indígenas se han adaptado a nuevas circunstancias. De una u otra forma, en ellas encontramos la manera en que perciben y se relacionan con el mundo y con sus valores más profundos, tales como: la recreación de mitos cosmogónicos, la comunicación con lo divino, ofrecer, pedir los bienes de la naturaleza, la lucha del bien contra el mal, la fertilidad de la tierra que depende del merecimiento humano, etc.

Leyenda
Dicen que fue un chamaquito quien arregló la danza tal y como la soñaba, pues en sueños le platicaban y le decían que participara la gente con los danzantes el día de la fiesta del lugar.

Las veces que soñaba les platicaba a sus papás diciéndoles que era su “dueño” quien así le hablaba. Algunos no le creían, decían que estaba loco, pero otros sí le hicieron caso y así fue como se originó la danza del volador.

Fue el mismo chamaquito quien empezó a enseñar el baile, la música y el nombre de cada danzante y del grupo.

Llegó el día en que hicieron una fiesta y participaron los toreros, los guaguas y los voladores, pero luego el chamaco les dijo que ya no se haría nada y entonces se molestaron los demás danzantes y dijeron que los estaba engañando. Así trascurrió un año y al chamaquito le volvieron a decir que hiciera otra invitación para que participaran todos otra vez, pero ya no aceptaron todos, sólo lo hicieron los voladores, quienes dijeron: -“Iremos a donde quiera que haya fiesta”.

Y así fue: enterraron el palo volador, lo arreglaron y lo amarraron con mecate. Luego subieron y una vez arriba, junto al carrete, los cuatro se sentaron en cada uno de los lados, uno de ellos se paró sobre el carrete y comenzó a tocar con su flauta el son de “la caída”.

Al iniciar los cuatro el descenso, dicen que apenas habían dado dos vueltas cuando de repente se chispó su carrete y una nube muy grande con viento se los llevó hacia los cielos, allá donde nace nuestro señor el sol, y allá se perdieron. La gente se asustó mucho y por eso tumbaron el palo volador. Pero a los tres días vieron que regresaban nuevamente los cinco voladores y llegaban donde estaba el palo, pero ya no pudieron descender porque les habían tumbado el mástil. Nomás llegaron y se regresaron dirigiéndose otra vez a donde nace nuestro señor sol.

Cuentan que hasta la fecha allá están los cinco voladores que iniciaron esta gran ceremonia tradicional del volador; a esto se debe que no podamos olvidar esta vieja costumbre.

También dicen que aquellos danzantes y los actuales llegan a estar cerca de nuestro señor el sol.

Danza del volador: Leyenda totonaca
Eran las festividades de la feria anual, había danzas, juegos, bailes y otros atractivos. La tradición no precisa un lugar, algunos dicen que fue en Coxquihui, otros que en Caxhuacan; los de Huehuetla aseguran que fue en ese lugar y unos más señalan que ocurrió en Copala. Habían transcurrido tres días de fiesta cuando al cuarto día los voladores emprendieron el ritual de la danza que precede al vuelo, iniciaron el ascenso al palo volador para ocupar sus respectivos lugares; da principio la danza invocatoria a los cuatro rumbos del universo, dirigiéndose a la deidad solar.

Ya se disponían a volar cuando súbitamente la manzana, el cuadro y los mecates se separaron del palo volador y subieron girando al cielo sin dejar de ejecutar su música, hasta que ya no se vio ni se oyó nada.

Aquel acontecimiento causó desesperación y preocupación, entonces todos se reunieron en torno al palo volador para discutir sobre el asunto, hasta que el hombre más viejo ordenó que se derribara el palo, pues se pensaba que los hombres que ascendieron ya no regresarían; a los cuatro días… grande fue su sorpresa cuando en la lejanía volvieron a escuchar el toque de la flauta y el tambor que, conforme se acercaba se hacía más fuerte y más nítido. Los presentes dudaban si eran o no los mismos danzantes que habían ascendido, hasta que nuevamente se percibió en la lejanía el cuadro y la manzana con los mismos danzantes que venían girando al compás de la flauta y el tambor.

Pero el palo ya no estaba en posición vertical y los voladores, después de demorar un poco, volvieron a girar hacia el cielo y se fueron para siempre.

Los asistentes se lamentaron por no haber dejado el palo en su sitio, pues habrían tenido la oportunidad de conocer por boca de los mensajeros el relato sobre su visita a la deidad solar.

Cuentan que a la fecha allá están los cinco voladores que iniciaron la tradición y por ello no se puede olvidar la costumbre; los totonacos esperan que algún día los voladores se vuelvan a elevar al sol, para que después, a su regreso el pueblo conozca el mensaje divino.

Bixom t’iiw: voladores teenek, danza del gavilán de Tamaletom, San Luis Potosí
Desde tiempos antiguos, la Danza del Gavilán se realiza con el fin de agradecer a Dhipaak, el “Dueño del Maíz”, por los beneficios recibidos en la cosecha de cada mes de agosto.

La ceremonia empieza por la elección, el corte y el traslado del árbol del volador llamado dhotom-te; el momento de levantarlo y la ceremonia principal o de la danza en sí, en donde el caporal al subir al palo lleva un guajolote joven cuyas plumas, que son símbolo del águila, son ofrendadas al sol. Los voladores Teenek portan un gorro cónico de color de rosa, en su pecho se cruzan dos bandas de color verde y amarillo, en las muñecas traen una pulsera de donde cuelgan plumas de águila.

La Danza del Gavilán es un medio para comunicarse con Muxi` o “Señor del Mar”, Maamlab “Señor del Trueno” y Miim Tsabaal o “Madre Tierra” y el Dueño de la Vida, vinculado a la naturaleza, a la vida espiritual y al cosmos.

La Ceremonia del Vuelo de los Teenek de Tamaletom (tam-ale-toom): “lugar de la milpa de zacate” no la debemos ver como un espectáculo sino como una danza ejecutada por hombres valientes, arriesgados, de buen corazón y que aman su cultura y tradiciones.

Ajxijoj kiktzoykib´ pwi´che´: danza del mono de Santa María Joyabaj, Guatemala
La variante de la danza de Aj K´oy o Danza del Mono reside en que vuelan solamente dos ejecutantes y un caporal representado por el personaje del mono. Los dos voladores son representados por ángeles rubios. Estos seres anómalos buscan la comunicación con los dioses para alcanzar el estado humano y recibir de ellos bonanzas y bendiciones para su pueblo. El ritual se acompaña de música de marimba. Los Quichés son herederos de una religión y cultura antiguas y a pesar de la marginación y la guerra, han sabido conservar y defender su identidad y sus tradiciones.

Nentzá: voladores ñañhús de la comunidad de Chila de Juárez, Municipio de Honey, Puebla
El vuelo de los ñanhús es una interesante variante compuesta de seis integrantes que representan a los dioses creadores del Universo. El caporal es el personaje de la Maringuilla o Malintzin que representa la dualidad con la figura femenina que fertiliza la tierra. La ceremonia de los danzantes Ñañhús se viene transmitiendo de generación en generación desde 1300. 

Fuentes consultadas:
La ceremonia ritual de los Voladores. UNESCO
Los voladores de Papantla. México Desconocido.
sic.cultura.gob.mx
ich.unesco.org
culturaslp.gob.mx
biodiversidad.gob.mx

 





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