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Datos curiosos de la Navidad con estilo mexicano

Los festejos navideños suelen ir acompañados de acontecimientos curiosos. En Tokio cenan pollo Kentucky. En Suecia miran al Pato Donald. México no podía quedarse atrás ¿Qué curiosidades navideñas han ocurrido en nuestro país?

Las posadas: las introdujeron los agustinos en el siglo XVI como una forma de catequesis para los pobladores y para contrarrestar la popularidad de la Panquetzaliztli, fiesta en honor a Huitzilopochtli, durante la cual los sacerdotes ayunaban y llevaban ramos a los montes, completamente desnudos, a la medianoche. Los nueve días de las posadas representan distintas virtudes: humildad, fortaleza, desapego, caridad, confianza, justicia, pureza, alegría y generosidad. El personaje fundamental de la pastorela es el Diablo, pues con su ingenio pone la nota cómica en la obra. En muchas ocasiones, es un cómico afamado y hace chistes políticos y de actualidad.

El árbol de Navidad: es de origen alemán; Maximiliano de Habsburgo lo trajo a México, cuando lo fusilaron cayó en desuso y regresó en 1878 cuando el general Miguel Negrete lo puso en su casa, después haberlo visto en Europa; adornó su pino con 250 pequeños regalos y los invitados que llegaban a su casa tomaban un obsequio. En 1907, en la calle de Mesones, se puso el primer gran árbol de Navidad de la Ciudad de México, lo instalaron los principales periódicos de la época, El Imparcial, El Tiempo y El Popular para promover una colecta de juguetes para los niños pobres de la ciudad. En 2009, la Ciudad de México logró un récord Guinness con el árbol de Navidad más grande del mundo, tenía una altura de 110 metros, 35 metros de diámetro y 330 toneladas de peso, se decoró con 72 kilómetros de series y 600 luces estroboscópicas. Hay dos Pueblos Mágicos que producen esferas de Navidad: Tlalpujahua, Michoacán, y Chignahuapan, Puebla.

La Cena de Navidad: El pavo, la pierna al horno, el bacalao y las ensaladas de manzana empezaron a ser parte de nuestras cenas navideñas hasta finales del siglo XIX, con el afrancesamiento de la cultura. Antes, en la Nochebuena se cenaba “a la mexicana”: enchiladas, mole, pipián... Los romeritos se comían en Nochebuena, porque era vigilia y había que aguantar el hambre para el otro día. Entonces se aprovechaba el mole del pavo que se comería un día después. El ponche mexicano es una bebida que celebra los sabores de Navidad que cuenta con tantos nutrientes (minerales, vitaminas, calorías), que se ha incluido en la dieta de los astronautas que habitan la Estación Espacial Internacional.

La flor de nochebuena: Los mexicas honraban a sus guerreros muertos con la flor de nochebuena, que ellos llamaban cuetlaxóchitl: "flor de cuero". La fama de la flor de nochebuena llegó cuando el embajador de Estados Unidos en México, JR Poinsett, la promovió en el resto del mundo como poinsettia y se ha convertido en un símbolo mundial de la Navidad.

Santa Claus: Desde hace más de seis décadas la figura de Santa Claus ha formado parte de las tradiciones navideñas de los mexicanos. Y aunque en la actualidad ya ha sido adoptado por completo como parte de las celebraciones decembrinas, no fue siempre así.

A pesar de que se tiene el registro de la aparición de este personaje en algunas jugueterías de la ciudad de México desde la década de 1920, en noviembre de 1930, el presidente Pascual Ortiz Rubio propuso expatriar a Santa Claus y hacer que Quetzalcoatl trajera regalos a los niños mexicanos: en el Estadio Nacional se construyó un gran teocali, donde el 23 de diciembre el dios prehispánico dejó juguetes a los niños pobres. Después, la idea no prosperó.

Es alrededor de 1950 cuando de la mano de una compañía refresquera la presencia de Santa Claus aumentó considerablemente. Su llegada también se relacionó con el american way of life, que a mediados del siglo pasado se consideró como el ideal de la modernización mexicana. La asimilación de este símbolo cultural estadounidense por los niños y las familias mexicanas fue consecuencia de una mayor apertura de México a políticas e intercambios culturales con Estados Unidos. Sin embargo, en la década de 1950 este personaje fue visto como un extranjero indeseable, portador de una cultura ajena y una modernidad vinculada estrechamente a la sociedad de consumo y un símbolo del materialismo adquisitivo durante el milagro económico mexicano y la comercialización de la Navidad. Se vinculaba estrechamente con los regalos, sobre todo con los juguetes; de tal forma que, además de los argumentos nacionalistas y antiestadounidenses contra Santa Claus, su presencia en México conforma el proceso de construcción de los consumidores infantiles por eso diversos sectores de la sociedad se pronunciaron contra el hoy tan popular personaje pues se pensaba que desplazaría a los Tres Reyes Magos, quienes han acompañado históricamente a los mexicanos en los festejos navideños.

Así, en ese momento fue considerada una figura comercial y publicitaria asociada a una fiesta religiosa, cuya explotación lo único que necesitaba eran centros comerciales, tiendas departamentales y operaciones de compra-venta. A través de su figura se comenzaron a publicitar empresas, tiendas y marcas. Que Santa Claus se volviera parte de las tradiciones navideñas de los mexicanos fue posible gracias a distintas estrategias culturales que se usaron para promocionarlo. Por ejemplo, los medios de comunicación, que tanto habían atacado su llegada, fueron fundamentales para incrementar su presencia en México. Agencias publicitarias, la industria cinematográfica, la radio, la televisión y la prensa utilizaron una y otra vez la figura del popular personaje para atraer a los niños a las tiendas departamentales.

En poco tiempo, las figuras de Santa Claus y de los Reyes Magos aprendieron a convivir, no solo por la receptividad de los mexicanos a la influencia estadounidense, sino porque los comercios notaron que tener ambos personajes en el gusto de los niños favorecía el consumo tanto en la Navidad como el Día de Reyes. Las transformaciones económicas que vivió México en la década de 1950 y su incesante búsqueda de modernidad propiciaron un terreno fértil para el surgimiento de esta nueva tradición.

Fuentes:
mexico.mx
ciencia.unam.mx

 





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